sábado, 27 de diciembre de 2025

CUANDO UN HIJO SE VA

Todos somos mortales, es la ley de la naturaleza, y lo sabemos.

Pero precisamente, porque vamos a morir, debemos justificar nuestra existencia.

Cada persona tiene una misión marcada en la vida, y ser padre es una de las empresas más delicadas y retadoras por cumplir: se requiere de mucho carácter, disciplina, sabiduría, ternura, inmenso amor, empatía, alegría, bondad, espiritualidad, deseos de superación y propósito de ofrecer a la humanidad un ser humano extraordinario, maravilloso, con dones y talentos listos para darlos en calidad de donación a la humanidad.

Todo lo descrito lo saben (o deberían saberlo) los padres, de esos hermosos proyectos de vida que son sus amados hijos, a los que deben formar, orientar y desarrollar con firmeza de padre y ternura de madre, combinación humanística que nunca falla y que es la base angular del desarrollo de toda persona.

En la escuela, los docentes tenemos el "deber de estado" de cuidar a esos maravillosos seres humanos que nos han confiado, y en el largo camino escolar que inicia a los 3 años con la educación inicial, los vamos moldeando para que sus hábitos sean positivos: que sean fraternos, alegres, solidarios, respetuosos, que tengan buena escucha y respeto por la opinión de los demás, que cumplan con sus deberes, que sean responsables en su vida estudiantil, etc.

En ese hermoso viaje sociocultural, son los padres y madres los primeros educadores de sus hijos por excelencia, y trabajan juntos y asociados a la escuela, el lugar más importante e influyente para la cultura y el futuro exitoso de toda la humanidad.

Cuando los padres no controlan a sus hijos y les dan libertinaje, los hijos corren el gran riesgo y peligro de caer en circunstancias que impiden su desarrollo integral, como son las malas juntas, las drogas, la delincuencia, la agresividad y otras complicaciones que merman el progreso y desarrollo integral de los más queridos del hogar.

Como educador, en 38 años muchas veces he convocado a padres de familia para "salvar" a sus hijos de diferentes circunstancias, y así como he recibido respuestas inmediatas de padres preocupados, he sentido la indiferencia de padres sobreprotectores, que hacen caso omiso de las indicaciones del colegio y les permiten llevar una vida desordenada, cargada de violencia y sin proyectos que guarden fecundidad para una vida exitosa.

Cuando un estudiante corre peligro, toda escuela responsable lleva a cabo un trabajo sociocultural en base al caso y trabaja directamente con los padres y familiares cercanos del mismo.

Hace poco tiempo recibí una noticia muy triste: uno de mis exalumnos murió asesinado, estando aún las causas en investigación.

¿Se pudo haber evitado? Pienso que indudablemente sí pudimos haberlo evitado.

Digo pudimos, ya que desde la época de la escuela dialogamos con los padres de nuestro difunto joven estudiante, porque observábamos en él un notorio cambio y orientación hacia la violencia delincuencial, hechos que los padres negaban a pesar de tener pruebas.

Me imagino cómo estarán los padres de mi exalumno, totalmente devastados por la trágica partida de su menor hijo, a quien, si en el momento preciso lo hubieran corregido, no estaríamos lamentando y llorando su partida.

Como maestro me siento muy triste, ya que siento que, a pesar del arduo trabajo que llevamos a cabo cuando el joven exalumno estaba en la escuela, debimos ser más exigentes con los padres para que no abandonaran a su hijo, a ese ser único e irrepetible que trajeron al mundo con inmenso amor.

Otro mensaje rotundo que deja lo acontecido es que si los gobiernos restan liderazgo a la escuela, estos hechos seguirán e irán creciendo.

Actualmente, muchos docentes prefieren no corregir a los estudiantes por temor a que los denuncien, hecho en parte comprensible, pero que en lo personal no acepto, ya que mi deber como educador y formador de seres humanos es corregirlos con exigencia, respeto y afecto, y saber defenderme con personalidad y pruebas contundentes.

Las normas de la sociedad dejan demasiado libertinaje y contemplación negativa hacia la niñez y juventud de hoy. Estos son los resultados del "no me grites porque te denuncio", "le bajan la autoestima" y tantos otros argumentos que los formadores de la "generación de cristal" han promovido, ya que esta generación son víctimas de los sobreprotectores e interesados en romper el esquema de una sociedad formal y educada.

Estas líneas no es solamente para ofrecer un homenaje a un joven que partió, sino también un llamado urgente a padres, educadores y autoridades: la formación integral no admite indiferencia. Cada niño y adolescente necesita límites claros, afecto sincero y acompañamiento constante. Educar es amar con responsabilidad. Si un hijo se va, que sea para cumplir sus sueños, no para convertirse en una estadística más de violencia. Reflexionemos y actuemos hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde.

Hoy elevo mis plegarias al Dios de mi fe, para que mi exalumno descanse en paz, y sus padres, familiares y allegados tengan resignación y fuerzas para seguir cumpliendo su misión en esta trascendente experiencia humana.

Descansa en paz, ve con Dios, joven bueno.

Marco Antonio Malca Delgado
Sábado 27 de diciembre del 2025
20:36



     

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