domingo, 30 de agosto de 2026

EL MAESTRO "PAÑUELO"

Hola, amigos:

Hoy, domingo 30 de agosto, en mi patria, el Perú, celebramos la festividad de Santa Rosa de Lima, patrona de las Américas, Filipinas, la Policía Nacional del Perú y las enfermeras peruanas.

Deseo compartir una experiencia que los docentes tenemos el honor de vivir día a día en la escuela. Una experiencia que va mucho más allá de impartir conocimientos y que constituye, en realidad, la razón de ser del colegio: nuestra interacción y socialización con los estudiantes.

Una vez más, me convertí en "maestro pañuelo". Pero, ¿Qué significa tal calificativo?

Lo iremos descubriendo a lo largo de estas líneas escritas con el corazón.

Mis inolvidables padres me enseñaron a usar pañuelo y también me enseñaron que puede tener múltiples utilidades: seca el sudor, limpia el rostro, cubre la cabeza del calor, sirve para despedir a alguien que emprende un viaje y, además, puede secar lágrimas. Precisamente, parte de la labor de todo docente consiste muchas veces en secar las lágrimas de sus estudiantes.

Dos jóvenes, con circunstancias socioemocionales diferentes, necesitaban mi asistencia.

Uno de ellos lloraba con intensidad. Acudí en busca de brindarle soporte emocional y consuelo, llevándolo conmigo a la oficina que tengo asignada.

"Llora, hijo, llora. No te juzgo. Estoy para escucharte".

"Me siento solo. Nadie me quiere. Ni mi propia familia".

"Cálmate, hijo. Vales mucho. Yo también me sentí así cuando tenía tu edad. No estás solo".

El otro caso fue el de una joven alumna que sufrió una crisis nerviosa y manifestó que su padre la había agredido físicamente. Ante esta situación, tuve que ayudarla a recuperar la calma, a pesar de su estado de tristeza y depresión. Asimismo, correspondía verificar cuidadosamente la información que expresaba, pues la experiencia me ha enseñado que, en ocasiones, lo manifestado por los alumnos requiere una adecuada corroboración antes de emitir juicios o tomar decisiones.

No ampliaré estos casos, ya que corresponden a situaciones de carácter confidencial. Sin embargo, lo compartido me permite enfatizar una verdad que con frecuencia se olvida: los maestros no somos meros transmisores de conocimientos.

En realidad, somos una especie de ángeles custodios de nuestros pupilos. Los tratamos como hijos; les brindamos afecto, ternura, comprensión y empatía. Muchas veces, esta labor tan sensible y profundamente humana no es reconocida ni valorada por la sociedad, a pesar de estar ligada al ejercicio cotidiano de un gran corazón.

Hoy domingo, a pocas horas de retornar al trabajo, pienso en la estrategia del corazón que deberé aplicar con estos estudiantes. Mi mejor aliado seguirá siendo el respeto, la escucha atenta y el afecto sincero. Todo ser humano, especialmente un estudiante, jamás olvida la forma en que fue tratado por sus maestros.

Hoy, 30 de agosto, siento mi "pañuelo espiritual" especialmente sensible y humedecido por las lágrimas. Veo que muchos niños y jóvenes claman por afecto, comprensión y seguridad. Y, ante la ausencia de suficientes personas dispuestas a brindarles ese apoyo, somos pocos los que terminamos acompañándolos en sus heridas emocionales.

Sin quererlo, ellos depositan en nosotros parte de sus dolores, y esos dolores, sumados a los nuestros, pueden conducirnos a una profunda tristeza.

Quizá la grandeza de un maestro no se mida únicamente por lo que enseña, sino por las lágrimas que ayuda a secar, las heridas que ayuda a sanar y la esperanza que mantiene viva en el corazón de sus estudiantes. Los conocimientos pueden olvidarse con los años, pero la bondad, la escucha y el afecto permanecen para siempre en la memoria de quienes un día fueron acompañados en sus momentos más difíciles. En tiempos donde muchos piden ayuda sin encontrar quién los escuche, ser un "maestro pañuelo" constituye una de las formas más nobles y silenciosas de servir a la humanidad.  

A pesar de ello, continúo enseñando. Continúo caminando junto a mis estudiantes. Continúo ofreciéndoles mi corazón humilde, sencillo y lleno de fe, confiando en que podrán sanar de sus tristezas y superar sus dificultades.

Niños, jóvenes y adultos:

¿Necesitan un "pañuelo humano"?

Vengan.

Yo los sostengo.

Y Dios me sostiene a mí, incluso en medio del dolor.

Marco Antonio Malca Delgado
30 de agosto de 2026

21:28 pm



    

 




  

 



sábado, 29 de agosto de 2026

"ROSARIO LA QUEMADITA"

Hoy, sábado 29 de agosto, doy gracias al Dios de mi fe por darme un día más de vida, una nueva oportunidad para justificar mi existencia procurando hacer el bien, a pesar de mis carencias. 

Retornando de trotar frente al mar, pasaba por un céntrico mercado donde siempre me encuentro con Rosario, a quien conocen como "La Quemadita". Ella es joven, aunque no la he observado con detenimiento, pues no quisiera incomodarla. Solo sé que, cuando paso por allí, me acerco a saludarla y a ofrecerle un pequeño detalle que nace del alma. 

Ella está en su zona de trabajo, esperando que empiece la jornada en la que cientos, o tal vez miles de personas, visitan el mercado y la zona comercial para realizar sus compras.

Rosario, siempre atenta, forma parte de esas personas que trabajan dignamente cada día. Vende golosinas con esfuerzo y honestidad, y para mí constituye un gran ejemplo de fortaleza, fe y un corazón tan grande que nadie ni nada la detiene. 

Rosario es muy amable. Su presentación es siempre digna, limpia y honrada. Justifica su vida con alegría y esperanza al vender sus caramelos y llevar estabilidad a su hogar después de cada jornada.

Tal vez la pregunta de fondo sea: ¿Por qué la llamas "Rosario La Quemadita"? Pues lo diré así de fácil: es una mujer con el rostro y los brazos quemados. No sé si otras partes de su cuerpo también fueron afectadas, pero el grado de sus quemaduras debió ser terriblemente fuerte, al punto de que sus manos ya no tienen dedos.


Sin embargo, sí tienen la fuerza necesaria para sostener su bolsa de caramelos y convertirse, sin proponérselo, en un gran ejemplo de fortaleza, fe, perseverancia y valentía. 

Rosario sigue caminando por la vida, sirviendo al prójimo y trabajando digna y honradamente. Si a eso le agregamos que regala bendiciones a quienes se acercan a ella, podemos afirmar que es una mujer maravillosa; un gran ejemplo para quienes estamos "completos" y, aun así, muchas veces nos mostramos reacios a continuar avanzando frente a dificultades que quizá no se comparan con las que ella debió enfrentar. 

¿Saben algo? Rosario tiene quemaduras curadas y, seguramente, mucho que contar. En lo personal, no me atrevo a preguntarle qué le sucedió. Sería una imprudencia que tal vez la haría revivir recuerdos dolorosos. Lo único que sé, y de lo que estoy plenamente convencido, es que tiene el rostro limpio y las manos dignas.

Está purificada por la sonrisa que regala a sus clientes y por su mirada serena que refleja paz. 

Parte de su cuerpo se quemó, pero su espíritu bueno, generoso y noble se purificó.

Hay muchas personas con piel tersa y suave, pero con sus mentes y corazones quemados. Ese sí es un infierno del cual resulta difícil salir. 

Hoy, cuando me acerqué a Rosario para saludarla y ofrecerle un pequeño detalle, ella me regaló una bendición al despedirse. Le respondí: "Acepto tu bendición, gracias. Te la retorno por triplicado". Entonces me obsequió una sonrisa. 

A estas alturas del mediodía, seguramente ya vendió sus golosinas y regresará a su casa con la dignidad de una gran mujer, a quien la divinidad le dio el coraje necesario para convertirse en una señal de que, a pesar del dolor, aún es posible ofrecer las más grandes lecciones de amor. 

Rosario, hoy estoy escribiendo sobre ti. Tal vez nunca leas estas líneas, pero quiero dejarlas plasmadas en letras que perduren para que muchas personas que atraviesan adversidades comprendan que estas son vallas que pueden cruzarse para elevarnos espiritualmente y que, al superarlas, dejan las más hermosas lecciones de fuerza y amor. 


Las verdaderas cicatrices no siempre están en la piel. Algunas habitan en el alma y permanecen ocultas detrás de rostros aparentemente perfectos. Rosario nos recuerda que la dignidad humana no depende de la apariencia física, sino de la capacidad de levantarse después del dolor, trabajar honradamente y seguir regalando esperanza a los demás.

Tal vez por eso su sonrisa vale tanto: porque nace de una historia de lucha. Que su ejemplo nos inspire a mirar menos las heridas visibles y más la nobleza invisible que cada ser humano puede albergar en su corazón. 


Hoy, una vez más, sentí ganas de llorar, aunque no por Rosario. Ella es mi mejor maestra; es uno de mis mejores ejemplos.

Debe ser que no puedo contener las lágrimas cuando contemplo tanta humanidad en una mujer honrada, guiada por un buen viento espiritual, ese mismo que roza su rostro rehabilitado y que hoy luce sereno ante la adversidad. 

Gracias, "Rosario La Quemadita".

Hoy tu bendición apagó el fuego intenso de mi existir. 

Marco Antonio Malca Delgado 

Sábado 29 de agosto de 2026 

12:45 pm

 

 


martes, 18 de agosto de 2026

LA BODEGA DE MAMÁ

 Ayer, jueves 13 de agosto, recién entrada la noche, pasé caminando por el jirón Ayacucho y, en una esquina, había un ruido mayor a lo usual.

Cuando estuve cerca, me di cuenta de que estaban inaugurando un nuevo negocio, específicamente una tienda de abarrotes y bebidas que, en mi patria, el Perú, es más conocida como una "bodega" o, usando una expresión criolla, "la tiendecita del barrio".

La misma guardaba la tradición de una inauguración positiva, espiritual y alegre: local limpio, bien pintado, con sus anaqueles nuevos, globos de inauguración de color celeste, tal vez el color de la suerte y la prosperidad para su propietario; los invitados, los "padrinos" del nuevo negocio; el infaltable cuadro del Corazón de Jesús, signo de fe y protección; y una gran ilusión, algarabía y alegría entre los asistentes.

Tal vez rezaron pidiendo a Dios que los proteja y les brinde prosperidad; quizá rociaron agua bendita en el local. Estoy casi seguro de que así fue.

Esta escena del teatro de la vida que presencié me hizo retroceder en el tiempo y recordar a mis padres, sobre todo a mi mamá.

Papá se había quedado sin trabajo. Su negocio había sido liquidado y hubo épocas de crisis económica en mi casa. Yo era un adolescente.

Mamá "presionó" a papá para aperturar un negocio en la cochera de la casa que, con mucho esfuerzo, habían adquirido.

Recuerdo que, con el dinero de la liquidación de mi papá, ampliaron la casa y construyeron un local donde antes estaba la cochera. Acudieron a las oficinas correspondientes para gestionar los permisos y licencias, siendo inaugurada la bodega en abril de 1983, en el siglo pasado.

Recuerdo que los padrinos de la bodega fueron el señor Mario y la señora Julia, buenos vecinos que vivían al costado de mi casa. Un sacerdote acudió a bendecir el local y a sus integrantes, y desde aquella época se inició un inolvidable viaje de varias décadas.

Atendía mamá. Abría a las 7:00 a. m. y, en un inicio, vendía pan. Junto a dos de mis hermanos teníamos que madrugar para traerlo, venciendo la flojera propia de un muchacho menor de 16 años.

En aquellas sentidas épocas de crisis, la "bodeguita" contribuyó a la alimentación de mis padres y hermanos. Éramos una familia numerosa, con hijos aún en edad escolar, y mi madre complementaba con el trabajo de la bodega lo que aportábamos económicamente dos de mis hermanos y yo para sostener la alimentación de una familia de nueve integrantes.

¡Sí que ayudó la bodeguita! Inclusive sobrevivió a la crisis económica y al hecho de que algunos clientes que fiaron nunca pagaron sus deudas. A pesar de todo, creo que la bendición que recibió sirvió como una "energía celestial" para que mi familia siguiera adelante en medio de las dificultades.

Gracias, papá y mamá, por enseñarme a trabajar desde muy joven.

Aunque yo no trabajé directamente en la tienda porque no me gustaba, aprendí a salir a laborar a la calle: vender pisos de jebe para duchas, packs de jabones y champú Beauty, pegar afiches de Cafetal y pilas Duracell en tiendas y bodegas, ser operario de una pequeña fábrica de juguetes en época navideña y, ya más grande, vender artefactos para pagar mis estudios.

Todo eso, y mucho más, me enseñó a no tener miedo de quedarme sin trabajo, porque mamá Miriam siempre me decía:

"Trabajo hay para el que quiere trabajar".

Aquella pequeña bodega no solo vendía pan, azúcar o arroz. Sin proponérselo, vendía esperanza. Detrás de cada producto colocado en sus anaqueles había horas de sacrificio, preocupaciones silenciosas y el amor de unos padres que luchaban por sacar adelante a sus hijos.

Con el paso de los años he comprendido que las personas más extraordinarias no siempre son las más famosas. A veces son aquellas que, desde una cocina, un taller, una escuela o una pequeña tienda de barrio, entregan su vida cotidiana para que otros puedan vivir mejor.

Quizá el verdadero sentido de nuestra existencia sea parecernos un poco a esas bodegas de antaño: lugares sencillos donde cualquiera pueda encontrar una palabra amable, una mano tendida, una sonrisa sincera o una razón para seguir adelante.

Porque cuando compartimos amor, servicio, comprensión y solidaridad, nunca nos empobrecemos; por el contrario, enriquecemos la vida de quienes nos rodean y hacemos del mundo un lugar un poco más humano.

¿Saben? La bodega de mi vida tiene varios productos, pero no se los puedo vender; sí se los puedo ofrecer: mi trabajo, mi amor, mi alegría, mi fe, mi perseverancia, mi propósito, mi arte, mi sangre, mi sensibilidad, mi espíritu de lucha, mi sonrisa, mi abrazo, mis palabras de aliento, mi vida entera...

¡Me olvidaba! En la bodega de mi vida también hay productos que no te puedo ofrecer. Todos los tenemos, pero no te los puedo dar porque no construyen y no te ayudarían a crecer.

La bodega de mi vida, al igual que la bodega de mamá, estará siempre abierta para ti.

Dios los bendice.

Marco Antonio Malca Delgado
Martes 18 de agosto del 2026

23:47 pm




domingo, 2 de agosto de 2026

LA VOCACIÓN

Hoy deseo escribir sobre la vocación, una palabra muy especial que marca la vida de todo ser humano, conozca o no su verdadero significado.

La vocación es puro amor puesto en acción, pues es la estrella brillante que ilumina nuestro espíritu y nos dice: "Este es el camino; te doy el faro para que lo sigas y viajes iluminado por la vida".

Es el llamado que surge del corazón para poner en práctica el más hermoso estado del arte humano: enseñar, ayudar, curar, motivar, inspirar, crear, diseñar, idear, amar, soñar, valorar, componer, dibujar, cantar y sonreír. Todas estas expresiones forman parte de lo que la vocación puede hacer en nuestra vida.

Sin buscarla, me encontré con la vocación de maestro, y ella me dijo: "Aquí estoy". Aunque al inicio pensé que sería algo temporal, hoy ya voy rumbo a los cuarenta años en las aulas.

La vocación es la misión que cada uno de nosotros viene descubriendo desde el nacimiento. Puede estar influenciada por la ocupación de nuestros padres o familiares, o por los dones y talentos que ellos advirtieron en nosotros. Sin embargo, en el ejercicio de nuestra libertad, somos nosotros quienes elegimos el camino que deseamos recorrer.

Existen vocaciones que no buscan obtener dividendos económicos, sino servir sin pedir nada a cambio. Así ocurre en el voluntariado, en los programas de ayuda a los más necesitados, en el acompañamiento a enfermos terminales o en las campañas de alfabetización, entre muchas otras formas de entrega generosa.

Vocación y misión caminan de la mano y logran hacerse realidad cuando existe confianza en uno mismo. Son una actitud voluntaria que nos llena de felicidad y deja una huella fecunda en las mentes y corazones de quienes reciben nuestro servicio.

¿Qué pasaría si le digo "no" a mi vocación? Es una interrogante complicada, pero real. Muchas personas les dicen no a su verdadera vocación y terminan sintiéndose infelices al desempeñarse en actividades que no corresponden a aquello para lo cual se sienten llamadas.

Nuestra vida está destinada a realizar cosas grandes, y quienes dejaron su nombre en la historia tuvieron que superar numerosas dificultades para alcanzar sus ideales.

Gran parte de mi vocación depende de lo que yo decida hacer con ella.

Desde mi fe, el Dios Espíritu en quien creo profundamente me invita a hacer aquello que debo hacer, por difícil que parezca. Al cumplir mi misión en la vida voy a trabajar duro, sudar, cometer errores; recibiré críticas, escucharé gritos y, en ocasiones, sentiré que me dejan a la deriva. Todo eso sucede cuando ponemos en acción nuestra vocación. Sin embargo, si me quedo en la tribuna, en la "banca de suplentes", y no trabajo con amor, jamás haré historia a través de aquello que más amo hacer.

Soy libre para aceptar mi misión y siento una inmensa vocación para llevarla a cabo.

La vocación es un don, y los dones deben ser recibidos con gratitud. Depende de cada persona aceptarlos o rechazarlos.

Eres libre de abrazar tu vocación o simplemente dejarla pasar.

A través de mi vocación puedo hacer historia con sencillez y nobleza, dejando un legado de amor en la humanidad.

La verdadera vocación no se mide por el dinero que produce ni por los aplausos que recibe, sino por la transformación que deja en la vida de los demás. Quien descubre su vocación encuentra una razón para levantarse cada día y entrega al mundo lo mejor de sí mismo. Tal vez no todos lleguemos a ser famosos, pero todos podemos ser valiosos. Cuando los dones se ponen al servicio del bien, la existencia adquiere sentido y la vida se convierte en una obra de amor que continúa hablando aun cuando ya no estamos presentes.

El día que sea tan solo un recuerdo, quisiera que permaneciera la huella de mi vocación en las mentes y corazones de aquellos a quienes ofrecí mis dones, talentos y trabajo.

Dios los bendice.

Marco Antonio Malca Delgado

Lunes 03 de agosto del año 2026
00:14 am






domingo, 26 de julio de 2026

CARTA ABIERTA A KEIKO FUJIMORI

Señora Keiko Sofía:

La saludo fraternalmente, deseándole buena salud, paz y sabiduría en su vida.

El presente año 2026 es muy especial para usted, ya que, después de 20 años de haber postulado a la Presidencia de la República del Perú, logró alcanzar dicha posición junto con su agrupación política.

Recuerdo cuando ganaron los señores Humala, Kuczynski y Castillo, dejando en usted, asumo, cólera, decepción y resentimiento. Por otra parte, espero que haya reflexionado sobre por qué no fue elegida en esas etapas de su vida política, aunque contra el señor Castillo, al parecer, hubo fraude.

Soy un ciudadano que, al igual que muchos, votó por usted porque "no había otra alternativa"; era el "mal menor". Ahora depende de usted y de su equipo de trabajo demostrar lo contrario: que usted ha madurado.

A manera de humilde recomendación, hable lo necesario de su padre y déjelo descansar en paz. Es indudable que tuvo muchos aciertos, así como grandes errores, y que siempre será recordado.

Creo que es tiempo de que sea "Keiko", y no la hija del expresidente Alberto Fujimori, y que haga todo lo posible por unir, en primer lugar, a quienes van a formar parte de su gestión. Eso incluye al nuevo Congreso de la República.

Soy maestro por carrera y vocación, y le puedo afirmar que nuestros estudiantes de hoy tienen un pésimo concepto de lo que significa ser gobernante del Perú y funcionario del Estado. Ellos llaman a todos: "corruptos".

Espero y anhelo que su gestión gubernamental sea exitosa. Se avecinan grandes retos en los que todos tenemos que poner el hombro, más aún el gobierno de turno: el fenómeno de El Niño, el sicariato y la delincuencia, así como frenar y sancionar la corrupción a todo nivel, entre otros.

En lo personal, esperaré un año para ver sus resultados y, espero de corazón, cambiar mi opinión sobre su desempeño político y capacidad de liderazgo.

Creo que el haber vivido tantas experiencias, incluso la cárcel, le ha dado mayor aplomo, capacidad de perdonar y de ofrecer perdón, si así lo considera en su mente y corazón.

Recuerde que muchos niños y jóvenes la estarán observando y que, si ellos y nosotros, los adultos, vemos cambios positivos, habrá cambiado su historia personal y reivindicado su apellido. Habrá vencido a sus enemigos políticos con dos armas letales: la razón y el corazón.

Vi que en una pancarta de su partido estaba escrito: "La fuerza del orden", y es eso, dentro de muchos ámbitos de cambio y transformación, lo que necesita con urgencia nuestro Perú.

Anhelo sinceramente que su gobierno sea exitoso: cero corrupción, limpieza moral en todos los funcionarios del Estado, amor inmenso hacia nuestra patria y la voluntad de enseñar a "pescar" a quienes necesitan educarse, brindándoles dignidad para que aprendan a valerse por sí mismos y no acostumbrarlos a migajas populistas.

Espero mucho de usted. Éxitos. Le escribiré dentro de un año.

Marco Antonio Malca Delgado

Domingo 26 de julio de 2026
6:20 p. m.

viernes, 24 de julio de 2026

PERÚ UNIDO, PATRIA FUERTE

 Muy buenos días, estimados padres de familia, apreciados docentes, queridos estudiantes, personal administrativo y de servicio, así como distinguidos miembros de nuestra comunidad educativa.

Nos reunimos hoy para celebrar un nuevo aniversario de la independencia de nuestra patria, una fecha que nos invita no solo a recordar un acontecimiento histórico, sino también a reflexionar sobre quiénes somos, qué país tenemos y, sobre todo, qué país queremos construir.

Este año, en el Colegio Concordia Universal, hemos elegido como lema de nuestras celebraciones "Perú Unido, Patria Fuerte". No se trata simplemente de una frase para una ceremonia. Es una invitación a pensar en el Perú que necesitamos y en el papel que cada uno de nosotros tiene en esa tarea.

Vivimos tiempos complejos. Con frecuencia escuchamos noticias que nos preocupan: enfrentamientos, intolerancia, violencia, desconfianza y divisiones que parecen alejarnos unos de otros. En medio de esas dificultades, es fácil olvidar que, más allá de nuestras diferencias, compartimos una misma bandera, una misma historia y un mismo destino.

El Perú es una nación diversa y extraordinaria. Somos costa, sierra y selva. Somos múltiples culturas, costumbres y tradiciones. Somos herederos de una riqueza humana y natural incomparable. Sin embargo, nuestra verdadera fortaleza no radica únicamente en esa diversidad, sino en nuestra capacidad de convertirla en unidad.

Una patria fuerte no es aquella donde todos piensan igual. Una patria fuerte es aquella donde las diferencias pueden convivir con respeto, donde las discrepancias se transforman en diálogo y donde el amor por el bien común prevalece sobre los intereses individuales.

Por ello, hoy queremos transmitir un mensaje de reconciliación. Necesitamos reencontrarnos como peruanos. Necesitamos recordar que somos parte de una misma familia nacional. Necesitamos comprender que el progreso de nuestro país no será obra de unos pocos, sino el resultado del esfuerzo conjunto de todos sus ciudadanos.

Queridos estudiantes:

Ustedes representan la esperanza del Perú. Muchos piensan que los grandes cambios ocurren en el gobierno, en las empresas o en las instituciones. Sin embargo, los cambios más profundos comienzan en la formación de las personas. El Perú que soñamos empieza en las aulas, en el respeto hacia los compañeros, en la honestidad durante una evaluación, en la solidaridad con quien necesita ayuda y en la responsabilidad con que asumimos nuestros deberes.

Cada gesto de respeto fortalece al Perú. Cada acto de honestidad fortalece al Perú. Cada muestra de fraternidad fortalece al Perú.

Por eso, los invito a sentirse orgullosos de ser peruanos, pero también a asumir la responsabilidad de construir con sus acciones el país que desean heredar.

Apreciados padres de familia:

La escuela sola no puede formar ciudadanos íntegros. Necesitamos trabajar juntos. La familia sigue siendo el primer espacio donde se aprende el respeto, la empatía, la responsabilidad y el amor por la patria. Gracias por confiar en nosotros y por acompañarnos en la noble misión de educar a las nuevas generaciones.

Estimados docentes:

Nuestro trabajo va mucho más allá de transmitir conocimientos. Somos formadores de conciencia, sembradores de valores y constructores silenciosos del futuro. Cada día que ingresamos a un aula tenemos la oportunidad de dejar una huella positiva en la vida de nuestros estudiantes y, a través de ellos, en el futuro del Perú.

Comunidad educativa:

Que estas Fiestas Patrias renueven nuestra esperanza. Que nos recuerden que los desafíos que enfrentamos como nación son grandes, pero que también es grande la capacidad de los peruanos para levantarse, trabajar unidos y salir adelante.

Hoy más que nunca, nuestro país necesita ciudadanos que dialoguen en lugar de enfrentarse; que construyan en lugar de destruir; que unan en lugar de dividir.

En este mes de la patria, hagamos nuestro el compromiso de ser mejores peruanos, mejores ciudadanos y mejores seres humanos.

Porque cuando existe respeto, la unidad es posible. Porque cuando existe unidad, nace la fuerza. Y porque cuando los peruanos caminamos juntos, no hay desafío que no podamos superar. ¡VIVA EL PERÚ!


Marco Antonio Malca Delgado

Viernes 24 de julio del 2026

24/07/2026

15:57

lunes, 20 de julio de 2026

UNA CARTA A DIOS


Buenos días, mi Dios bueno, eterno, poderoso y bondadoso:

Te escribo para decirte que yo te amo con todo mi corazón.

Mis padres me enseñaron a amarte desde que nací. Cuando era niño, mi madre me decía: «Rézale a Papalindo, dile que te proteja», y así lo hice durante toda mi vida, hasta ahora.

Me has regalado muchas cosas bellas: familia, escuela, paseos, regalos, alimentos, paisajes hermosos, ropa, viajes, así como también el privilegio de disfrutar de tu creación: el mar, las flores, los cerros verdes, la nieve, los colores, las frutas, mis deliciosos pescados, los ricos chocolates, una vida decorosa, trabajo y muchas cosas más.

A lo largo de mi vida me alejé y renegué de ti, pensando que tú eras el responsable de lo que me había ocurrido. No quería saber más de ti, pero el tiempo me hacía retornar nuevamente a tu encuentro, y siempre sentí tu acogida y tu amor.

Hoy, lunes 20 de julio, te escribo en el silencio de la madrugada para agradecerte por todas las bendiciones que me has brindado y por aquellas que me darás en lo que reste de mi vida. Sé que sonreiré al ver bien a todo aquel que necesite de mí.

Solo te pido, Dios mío, que me des fuerzas, muchas fuerzas, y sabiduría para salir adelante y justificar mi existencia haciendo el bien.

Sé que eres espíritu, y por eso vas conmigo a todas partes. Te pido que mires las cosas buenas que hay en mi vida, en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu. A ti te dedico mis buenas acciones.

Hoy, al despertar temprano, lo primero que hice fue darte gracias por un nuevo amanecer. Eres mi Dios de vida, mi padre bueno, quien me ayuda a conservar la fe y la esperanza. Eres mi padre amado, mi amigo noble y mi salvador.

¡Por favor, Señor!, ¿Cómo llegar a ti? Tengo miedo de que transcurra mi vida sin haber hecho nada verdaderamente valioso.

¡Por favor, Señor, dame paz y claridad!

Tú me conoces y sabes de mis sentimientos, temores, frustraciones, interrogantes, esperanzas y valores. Solo te pido que me acompañes a lo largo del camino y me permitas justificar mi existencia compartiendo lecciones de amor.

   Dame de beber el agua de tu manantial. Haz de mí un instrumento de tu paz y permite que, por donde vaya, sea útil y ayude a secar las lágrimas de quienes sufren. Ayúdame a brindar mis mejores lecciones en las aulas y a seguir preparándome. Ayúdame a ver únicamente las virtudes y los valores que existen en los demás.

Hoy te ofrezco mi traje de obrero para trabajar y dejar un mundo mejor. Te ofrezco aliviar las penas de los niños, cantar a la vida, a la tierra y al sol. Hoy te pido tan solo que mires lo bueno que hay en mí.

 Doy fe de tu existencia y no me interesa lo que digan los demás. No soy fanático, ni cucufato, ni me golpeo el pecho a cada instante. Tan solo soy un punto de tu hermosa creación que agradece por la vida y te pide humildemente que lo acompañes en todos los momentos y etapas de su experiencia humana y espiritual.

Gracias, gracias, gracias, mi Dios amado, porque desde que nací mi corazón no ha dejado de latir. Gracias porque sé que me guías y acompañas en mi diario existir. Gracias porque siempre esperas cosas buenas de mí.

Hoy sigo viajando, Señor, en este planeta azul donde me ubicaste; aquí están mis alegrías, mis tristezas y mis proyectos. Viajo cada día rodeado de estrellas, meteoritos, aire y olas; también de guerras absurdas y de actos de amor que deseo brindar a la humanidad.

 Gracias, Dios de vida. Gracias por este nuevo día y por todas las cosas bellas que vienen para mí.

Te ofrezco mi vida por entero. Guíala para pensar solamente en hacer el bien.

La gloria eres Tú.

Dios los bendice.

Lunes 20 de julio de 2026

04:24 a. m.