Buenos días, mi Dios bueno, eterno, poderoso y bondadoso:
Te escribo para decirte que yo te amo con todo mi corazón.
Mis padres me enseñaron a amarte desde que nací. Cuando era niño, mi madre me decía: «Rézale a Papalindo, dile que te proteja», y así lo hice durante toda mi vida, hasta ahora.
Me has regalado muchas cosas bellas: familia, escuela, paseos, regalos, alimentos, paisajes hermosos, ropa, viajes, así como también el privilegio de disfrutar de tu creación: el mar, las flores, los cerros verdes, la nieve, los colores, las frutas, mis deliciosos pescados, los ricos chocolates, una vida decorosa, trabajo y muchas cosas más.
A lo largo de mi vida me alejé y renegué de ti, pensando que tú eras el responsable de lo que me había ocurrido. No quería saber más de ti, pero el tiempo me hacía retornar nuevamente a tu encuentro, y siempre sentí tu acogida y tu amor.
Hoy, lunes 20 de julio, te escribo en el silencio de la madrugada para agradecerte por todas las bendiciones que me has brindado y por aquellas que me darás en lo que reste de mi vida. Sé que sonreiré al ver bien a todo aquel que necesite de mí.
Solo te pido, Dios mío, que me des fuerzas, muchas fuerzas, y sabiduría para salir adelante y justificar mi existencia haciendo el bien.
Sé que eres espíritu, y por eso vas conmigo a todas partes. Te pido que mires las cosas buenas que hay en mi vida, en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu. A ti te dedico mis buenas acciones.
Hoy, al despertar temprano, lo primero que hice fue darte gracias por un nuevo amanecer. Eres mi Dios de vida, mi padre bueno, quien me ayuda a conservar la fe y la esperanza. Eres mi padre amado, mi amigo noble y mi salvador.
¡Por favor, Señor!, ¿Cómo llegar a ti? Tengo miedo de que transcurra mi vida sin haber hecho nada verdaderamente valioso.
¡Por favor, Señor, dame paz y claridad!
Tú me conoces y sabes de mis sentimientos, temores, frustraciones, interrogantes, esperanzas y valores. Solo te pido que me acompañes a lo largo del camino y me permitas justificar mi existencia compartiendo lecciones de amor.
Dame de beber el agua de tu manantial. Haz de mí un instrumento de tu paz y permite que, por donde vaya, sea útil y ayude a secar las lágrimas de quienes sufren. Ayúdame a brindar mis mejores lecciones en las aulas y a seguir preparándome. Ayúdame a ver únicamente las virtudes y los valores que existen en los demás.
Hoy te ofrezco mi traje de obrero para trabajar y dejar un mundo mejor. Te ofrezco aliviar las penas de los niños, cantar a la vida, a la tierra y al sol. Hoy te pido tan solo que mires lo bueno que hay en mí.
Doy fe de tu existencia y no me interesa lo que digan los demás. No soy fanático, ni cucufato, ni me golpeo el pecho a cada instante. Tan solo soy un punto de tu hermosa creación que agradece por la vida y te pide humildemente que lo acompañes en todos los momentos y etapas de su experiencia humana y espiritual.
Gracias, gracias, gracias, mi Dios amado, porque desde que nací mi corazón no ha dejado de latir. Gracias porque sé que me guías y acompañas en mi diario existir. Gracias porque siempre esperas cosas buenas de mí.
Hoy sigo viajando, Señor, en este planeta azul donde me ubicaste; aquí están mis alegrías, mis tristezas y mis proyectos. Viajo cada día rodeado de estrellas, meteoritos, aire y olas; también de guerras absurdas y de actos de amor que deseo brindar a la humanidad.
Gracias, Dios de vida. Gracias por este nuevo día y por todas las cosas bellas que vienen para mí.
Te ofrezco mi vida por entero. Guíala para pensar solamente en hacer el bien.
La gloria eres Tú.
Dios los bendice.
Lunes 20 de julio de 2026
04:24 a. m.