martes, 18 de agosto de 2026

LA BODEGA DE MAMÁ

 Ayer, jueves 13 de agosto, recién entrada la noche, pasé caminando por el jirón Ayacucho y, en una esquina, había un ruido mayor a lo usual.

Cuando estuve cerca, me di cuenta de que estaban inaugurando un nuevo negocio, específicamente una tienda de abarrotes y bebidas que, en mi patria, el Perú, es más conocida como una "bodega" o, usando una expresión criolla, "la tiendecita del barrio".

La misma guardaba la tradición de una inauguración positiva, espiritual y alegre: local limpio, bien pintado, con sus anaqueles nuevos, globos de inauguración de color celeste, tal vez el color de la suerte y la prosperidad para su propietario; los invitados, los "padrinos" del nuevo negocio; el infaltable cuadro del Corazón de Jesús, signo de fe y protección; y una gran ilusión, algarabía y alegría entre los asistentes.

Tal vez rezaron pidiendo a Dios que los proteja y les brinde prosperidad; quizá rociaron agua bendita en el local. Estoy casi seguro de que así fue.

Esta escena del teatro de la vida que presencié me hizo retroceder en el tiempo y recordar a mis padres, sobre todo a mi mamá.

Papá se había quedado sin trabajo. Su negocio había sido liquidado y hubo épocas de crisis económica en mi casa. Yo era un adolescente.

Mamá "presionó" a papá para aperturar un negocio en la cochera de la casa que, con mucho esfuerzo, habían adquirido.

Recuerdo que, con el dinero de la liquidación de mi papá, ampliaron la casa y construyeron un local donde antes estaba la cochera. Acudieron a las oficinas correspondientes para gestionar los permisos y licencias, siendo inaugurada la bodega en abril de 1983, en el siglo pasado.

Recuerdo que los padrinos de la bodega fueron el señor Mario y la señora Julia, buenos vecinos que vivían al costado de mi casa. Un sacerdote acudió a bendecir el local y a sus integrantes, y desde aquella época se inició un inolvidable viaje de varias décadas.

Atendía mamá. Abría a las 7:00 a. m. y, en un inicio, vendía pan. Junto a dos de mis hermanos teníamos que madrugar para traerlo, venciendo la flojera propia de un muchacho menor de 16 años.

En aquellas sentidas épocas de crisis, la "bodeguita" contribuyó a la alimentación de mis padres y hermanos. Éramos una familia numerosa, con hijos aún en edad escolar, y mi madre complementaba con el trabajo de la bodega lo que aportábamos económicamente dos de mis hermanos y yo para sostener la alimentación de una familia de nueve integrantes.

¡Sí que ayudó la bodeguita! Inclusive sobrevivió a la crisis económica y al hecho de que algunos clientes que fiaron nunca pagaron sus deudas. A pesar de todo, creo que la bendición que recibió sirvió como una "energía celestial" para que mi familia siguiera adelante en medio de las dificultades.

Gracias, papá y mamá, por enseñarme a trabajar desde muy joven.

Aunque yo no trabajé directamente en la tienda porque no me gustaba, aprendí a salir a laborar a la calle: vender pisos de jebe para duchas, packs de jabones y champú Beauty, pegar afiches de Cafetal y pilas Duracell en tiendas y bodegas, ser operario de una pequeña fábrica de juguetes en época navideña y, ya más grande, vender artefactos para pagar mis estudios.

Todo eso, y mucho más, me enseñó a no tener miedo de quedarme sin trabajo, porque mamá Miriam siempre me decía:

"Trabajo hay para el que quiere trabajar".

Aquella pequeña bodega no solo vendía pan, azúcar o arroz. Sin proponérselo, vendía esperanza. Detrás de cada producto colocado en sus anaqueles había horas de sacrificio, preocupaciones silenciosas y el amor de unos padres que luchaban por sacar adelante a sus hijos.

Con el paso de los años he comprendido que las personas más extraordinarias no siempre son las más famosas. A veces son aquellas que, desde una cocina, un taller, una escuela o una pequeña tienda de barrio, entregan su vida cotidiana para que otros puedan vivir mejor.

Quizá el verdadero sentido de nuestra existencia sea parecernos un poco a esas bodegas de antaño: lugares sencillos donde cualquiera pueda encontrar una palabra amable, una mano tendida, una sonrisa sincera o una razón para seguir adelante.

Porque cuando compartimos amor, servicio, comprensión y solidaridad, nunca nos empobrecemos; por el contrario, enriquecemos la vida de quienes nos rodean y hacemos del mundo un lugar un poco más humano.

¿Saben? La bodega de mi vida tiene varios productos, pero no se los puedo vender; sí se los puedo ofrecer: mi trabajo, mi amor, mi alegría, mi fe, mi perseverancia, mi propósito, mi arte, mi sangre, mi sensibilidad, mi espíritu de lucha, mi sonrisa, mi abrazo, mis palabras de aliento, mi vida entera...

¡Me olvidaba! En la bodega de mi vida también hay productos que no te puedo ofrecer. Todos los tenemos, pero no te los puedo dar porque no construyen y no te ayudarían a crecer.

La bodega de mi vida, al igual que la bodega de mamá, estará siempre abierta para ti.

Dios los bendice.

Marco Antonio Malca Delgado
Martes 18 de agosto del 2026

23:47 pm




domingo, 2 de agosto de 2026

LA VOCACIÓN

Hoy deseo escribir sobre la vocación, una palabra muy especial que marca la vida de todo ser humano, conozca o no su verdadero significado.

La vocación es puro amor puesto en acción, pues es la estrella brillante que ilumina nuestro espíritu y nos dice: "Este es el camino; te doy el faro para que lo sigas y viajes iluminado por la vida".

Es el llamado que surge del corazón para poner en práctica el más hermoso estado del arte humano: enseñar, ayudar, curar, motivar, inspirar, crear, diseñar, idear, amar, soñar, valorar, componer, dibujar, cantar y sonreír. Todas estas expresiones forman parte de lo que la vocación puede hacer en nuestra vida.

Sin buscarla, me encontré con la vocación de maestro, y ella me dijo: "Aquí estoy". Aunque al inicio pensé que sería algo temporal, hoy ya voy rumbo a los cuarenta años en las aulas.

La vocación es la misión que cada uno de nosotros viene descubriendo desde el nacimiento. Puede estar influenciada por la ocupación de nuestros padres o familiares, o por los dones y talentos que ellos advirtieron en nosotros. Sin embargo, en el ejercicio de nuestra libertad, somos nosotros quienes elegimos el camino que deseamos recorrer.

Existen vocaciones que no buscan obtener dividendos económicos, sino servir sin pedir nada a cambio. Así ocurre en el voluntariado, en los programas de ayuda a los más necesitados, en el acompañamiento a enfermos terminales o en las campañas de alfabetización, entre muchas otras formas de entrega generosa.

Vocación y misión caminan de la mano y logran hacerse realidad cuando existe confianza en uno mismo. Son una actitud voluntaria que nos llena de felicidad y deja una huella fecunda en las mentes y corazones de quienes reciben nuestro servicio.

¿Qué pasaría si le digo "no" a mi vocación? Es una interrogante complicada, pero real. Muchas personas les dicen no a su verdadera vocación y terminan sintiéndose infelices al desempeñarse en actividades que no corresponden a aquello para lo cual se sienten llamadas.

Nuestra vida está destinada a realizar cosas grandes, y quienes dejaron su nombre en la historia tuvieron que superar numerosas dificultades para alcanzar sus ideales.

Gran parte de mi vocación depende de lo que yo decida hacer con ella.

Desde mi fe, el Dios Espíritu en quien creo profundamente me invita a hacer aquello que debo hacer, por difícil que parezca. Al cumplir mi misión en la vida voy a trabajar duro, sudar, cometer errores; recibiré críticas, escucharé gritos y, en ocasiones, sentiré que me dejan a la deriva. Todo eso sucede cuando ponemos en acción nuestra vocación. Sin embargo, si me quedo en la tribuna, en la "banca de suplentes", y no trabajo con amor, jamás haré historia a través de aquello que más amo hacer.

Soy libre para aceptar mi misión y siento una inmensa vocación para llevarla a cabo.

La vocación es un don, y los dones deben ser recibidos con gratitud. Depende de cada persona aceptarlos o rechazarlos.

Eres libre de abrazar tu vocación o simplemente dejarla pasar.

A través de mi vocación puedo hacer historia con sencillez y nobleza, dejando un legado de amor en la humanidad.

La verdadera vocación no se mide por el dinero que produce ni por los aplausos que recibe, sino por la transformación que deja en la vida de los demás. Quien descubre su vocación encuentra una razón para levantarse cada día y entrega al mundo lo mejor de sí mismo. Tal vez no todos lleguemos a ser famosos, pero todos podemos ser valiosos. Cuando los dones se ponen al servicio del bien, la existencia adquiere sentido y la vida se convierte en una obra de amor que continúa hablando aun cuando ya no estamos presentes.

El día que sea tan solo un recuerdo, quisiera que permaneciera la huella de mi vocación en las mentes y corazones de aquellos a quienes ofrecí mis dones, talentos y trabajo.

Dios los bendice.

Marco Antonio Malca Delgado

Lunes 03 de agosto del año 2026
00:14 am






domingo, 26 de julio de 2026

CARTA ABIERTA A KEIKO FUJIMORI

Señora Keiko Sofía:

La saludo fraternalmente, deseándole buena salud, paz y sabiduría en su vida.

El presente año 2026 es muy especial para usted, ya que, después de 20 años de haber postulado a la Presidencia de la República del Perú, logró alcanzar dicha posición junto con su agrupación política.

Recuerdo cuando ganaron los señores Humala, Kuczynski y Castillo, dejando en usted, asumo, cólera, decepción y resentimiento. Por otra parte, espero que haya reflexionado sobre por qué no fue elegida en esas etapas de su vida política, aunque contra el señor Castillo, al parecer, hubo fraude.

Soy un ciudadano que, al igual que muchos, votó por usted porque "no había otra alternativa"; era el "mal menor". Ahora depende de usted y de su equipo de trabajo demostrar lo contrario: que usted ha madurado.

A manera de humilde recomendación, hable lo necesario de su padre y déjelo descansar en paz. Es indudable que tuvo muchos aciertos, así como grandes errores, y que siempre será recordado.

Creo que es tiempo de que sea "Keiko", y no la hija del expresidente Alberto Fujimori, y que haga todo lo posible por unir, en primer lugar, a quienes van a formar parte de su gestión. Eso incluye al nuevo Congreso de la República.

Soy maestro por carrera y vocación, y le puedo afirmar que nuestros estudiantes de hoy tienen un pésimo concepto de lo que significa ser gobernante del Perú y funcionario del Estado. Ellos llaman a todos: "corruptos".

Espero y anhelo que su gestión gubernamental sea exitosa. Se avecinan grandes retos en los que todos tenemos que poner el hombro, más aún el gobierno de turno: el fenómeno de El Niño, el sicariato y la delincuencia, así como frenar y sancionar la corrupción a todo nivel, entre otros.

En lo personal, esperaré un año para ver sus resultados y, espero de corazón, cambiar mi opinión sobre su desempeño político y capacidad de liderazgo.

Creo que el haber vivido tantas experiencias, incluso la cárcel, le ha dado mayor aplomo, capacidad de perdonar y de ofrecer perdón, si así lo considera en su mente y corazón.

Recuerde que muchos niños y jóvenes la estarán observando y que, si ellos y nosotros, los adultos, vemos cambios positivos, habrá cambiado su historia personal y reivindicado su apellido. Habrá vencido a sus enemigos políticos con dos armas letales: la razón y el corazón.

Vi que en una pancarta de su partido estaba escrito: "La fuerza del orden", y es eso, dentro de muchos ámbitos de cambio y transformación, lo que necesita con urgencia nuestro Perú.

Anhelo sinceramente que su gobierno sea exitoso: cero corrupción, limpieza moral en todos los funcionarios del Estado, amor inmenso hacia nuestra patria y la voluntad de enseñar a "pescar" a quienes necesitan educarse, brindándoles dignidad para que aprendan a valerse por sí mismos y no acostumbrarlos a migajas populistas.

Espero mucho de usted. Éxitos. Le escribiré dentro de un año.

Marco Antonio Malca Delgado

Domingo 26 de julio de 2026
6:20 p. m.

viernes, 24 de julio de 2026

PERÚ UNIDO, PATRIA FUERTE

 Muy buenos días, estimados padres de familia, apreciados docentes, queridos estudiantes, personal administrativo y de servicio, así como distinguidos miembros de nuestra comunidad educativa.

Nos reunimos hoy para celebrar un nuevo aniversario de la independencia de nuestra patria, una fecha que nos invita no solo a recordar un acontecimiento histórico, sino también a reflexionar sobre quiénes somos, qué país tenemos y, sobre todo, qué país queremos construir.

Este año, en el Colegio Concordia Universal, hemos elegido como lema de nuestras celebraciones "Perú Unido, Patria Fuerte". No se trata simplemente de una frase para una ceremonia. Es una invitación a pensar en el Perú que necesitamos y en el papel que cada uno de nosotros tiene en esa tarea.

Vivimos tiempos complejos. Con frecuencia escuchamos noticias que nos preocupan: enfrentamientos, intolerancia, violencia, desconfianza y divisiones que parecen alejarnos unos de otros. En medio de esas dificultades, es fácil olvidar que, más allá de nuestras diferencias, compartimos una misma bandera, una misma historia y un mismo destino.

El Perú es una nación diversa y extraordinaria. Somos costa, sierra y selva. Somos múltiples culturas, costumbres y tradiciones. Somos herederos de una riqueza humana y natural incomparable. Sin embargo, nuestra verdadera fortaleza no radica únicamente en esa diversidad, sino en nuestra capacidad de convertirla en unidad.

Una patria fuerte no es aquella donde todos piensan igual. Una patria fuerte es aquella donde las diferencias pueden convivir con respeto, donde las discrepancias se transforman en diálogo y donde el amor por el bien común prevalece sobre los intereses individuales.

Por ello, hoy queremos transmitir un mensaje de reconciliación. Necesitamos reencontrarnos como peruanos. Necesitamos recordar que somos parte de una misma familia nacional. Necesitamos comprender que el progreso de nuestro país no será obra de unos pocos, sino el resultado del esfuerzo conjunto de todos sus ciudadanos.

Queridos estudiantes:

Ustedes representan la esperanza del Perú. Muchos piensan que los grandes cambios ocurren en el gobierno, en las empresas o en las instituciones. Sin embargo, los cambios más profundos comienzan en la formación de las personas. El Perú que soñamos empieza en las aulas, en el respeto hacia los compañeros, en la honestidad durante una evaluación, en la solidaridad con quien necesita ayuda y en la responsabilidad con que asumimos nuestros deberes.

Cada gesto de respeto fortalece al Perú. Cada acto de honestidad fortalece al Perú. Cada muestra de fraternidad fortalece al Perú.

Por eso, los invito a sentirse orgullosos de ser peruanos, pero también a asumir la responsabilidad de construir con sus acciones el país que desean heredar.

Apreciados padres de familia:

La escuela sola no puede formar ciudadanos íntegros. Necesitamos trabajar juntos. La familia sigue siendo el primer espacio donde se aprende el respeto, la empatía, la responsabilidad y el amor por la patria. Gracias por confiar en nosotros y por acompañarnos en la noble misión de educar a las nuevas generaciones.

Estimados docentes:

Nuestro trabajo va mucho más allá de transmitir conocimientos. Somos formadores de conciencia, sembradores de valores y constructores silenciosos del futuro. Cada día que ingresamos a un aula tenemos la oportunidad de dejar una huella positiva en la vida de nuestros estudiantes y, a través de ellos, en el futuro del Perú.

Comunidad educativa:

Que estas Fiestas Patrias renueven nuestra esperanza. Que nos recuerden que los desafíos que enfrentamos como nación son grandes, pero que también es grande la capacidad de los peruanos para levantarse, trabajar unidos y salir adelante.

Hoy más que nunca, nuestro país necesita ciudadanos que dialoguen en lugar de enfrentarse; que construyan en lugar de destruir; que unan en lugar de dividir.

En este mes de la patria, hagamos nuestro el compromiso de ser mejores peruanos, mejores ciudadanos y mejores seres humanos.

Porque cuando existe respeto, la unidad es posible. Porque cuando existe unidad, nace la fuerza. Y porque cuando los peruanos caminamos juntos, no hay desafío que no podamos superar. ¡VIVA EL PERÚ!


Marco Antonio Malca Delgado

Viernes 24 de julio del 2026

24/07/2026

15:57

lunes, 20 de julio de 2026

UNA CARTA A DIOS


Buenos días, mi Dios bueno, eterno, poderoso y bondadoso:

Te escribo para decirte que yo te amo con todo mi corazón.

Mis padres me enseñaron a amarte desde que nací. Cuando era niño, mi madre me decía: «Rézale a Papalindo, dile que te proteja», y así lo hice durante toda mi vida, hasta ahora.

Me has regalado muchas cosas bellas: familia, escuela, paseos, regalos, alimentos, paisajes hermosos, ropa, viajes, así como también el privilegio de disfrutar de tu creación: el mar, las flores, los cerros verdes, la nieve, los colores, las frutas, mis deliciosos pescados, los ricos chocolates, una vida decorosa, trabajo y muchas cosas más.

A lo largo de mi vida me alejé y renegué de ti, pensando que tú eras el responsable de lo que me había ocurrido. No quería saber más de ti, pero el tiempo me hacía retornar nuevamente a tu encuentro, y siempre sentí tu acogida y tu amor.

Hoy, lunes 20 de julio, te escribo en el silencio de la madrugada para agradecerte por todas las bendiciones que me has brindado y por aquellas que me darás en lo que reste de mi vida. Sé que sonreiré al ver bien a todo aquel que necesite de mí.

Solo te pido, Dios mío, que me des fuerzas, muchas fuerzas, y sabiduría para salir adelante y justificar mi existencia haciendo el bien.

Sé que eres espíritu, y por eso vas conmigo a todas partes. Te pido que mires las cosas buenas que hay en mi vida, en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu. A ti te dedico mis buenas acciones.

Hoy, al despertar temprano, lo primero que hice fue darte gracias por un nuevo amanecer. Eres mi Dios de vida, mi padre bueno, quien me ayuda a conservar la fe y la esperanza. Eres mi padre amado, mi amigo noble y mi salvador.

¡Por favor, Señor!, ¿Cómo llegar a ti? Tengo miedo de que transcurra mi vida sin haber hecho nada verdaderamente valioso.

¡Por favor, Señor, dame paz y claridad!

Tú me conoces y sabes de mis sentimientos, temores, frustraciones, interrogantes, esperanzas y valores. Solo te pido que me acompañes a lo largo del camino y me permitas justificar mi existencia compartiendo lecciones de amor.

   Dame de beber el agua de tu manantial. Haz de mí un instrumento de tu paz y permite que, por donde vaya, sea útil y ayude a secar las lágrimas de quienes sufren. Ayúdame a brindar mis mejores lecciones en las aulas y a seguir preparándome. Ayúdame a ver únicamente las virtudes y los valores que existen en los demás.

Hoy te ofrezco mi traje de obrero para trabajar y dejar un mundo mejor. Te ofrezco aliviar las penas de los niños, cantar a la vida, a la tierra y al sol. Hoy te pido tan solo que mires lo bueno que hay en mí.

 Doy fe de tu existencia y no me interesa lo que digan los demás. No soy fanático, ni cucufato, ni me golpeo el pecho a cada instante. Tan solo soy un punto de tu hermosa creación que agradece por la vida y te pide humildemente que lo acompañes en todos los momentos y etapas de su experiencia humana y espiritual.

Gracias, gracias, gracias, mi Dios amado, porque desde que nací mi corazón no ha dejado de latir. Gracias porque sé que me guías y acompañas en mi diario existir. Gracias porque siempre esperas cosas buenas de mí.

Hoy sigo viajando, Señor, en este planeta azul donde me ubicaste; aquí están mis alegrías, mis tristezas y mis proyectos. Viajo cada día rodeado de estrellas, meteoritos, aire y olas; también de guerras absurdas y de actos de amor que deseo brindar a la humanidad.

 Gracias, Dios de vida. Gracias por este nuevo día y por todas las cosas bellas que vienen para mí.

Te ofrezco mi vida por entero. Guíala para pensar solamente en hacer el bien.

La gloria eres Tú.

Dios los bendice.

Lunes 20 de julio de 2026

04:24 a. m.   

domingo, 19 de julio de 2026

EL MANUSCRITO DEL ESCRITOR

Hoy estoy pensando en lo retador que resulta escribir a mano. Mientras lo hago, siento que los músculos de mi mano derecha, con la que escribo, y los de mi brazo se han endurecido.

¿Qué debo hacer para recuperar mi letra, esa que ahora pareciera tener que dibujar?

O, siendo simplista, podría decir:

"¡Qué importa! ¡A nadie le importa mi letra! Además, ahora todos tienen una letra horrorosa".

Pero si pienso de esa manera, seguiré sumido en la mediocridad.

Entonces, ¡manos a la obra!

Recuperaré mi escritura manuscrita. Aunque, para ser honesto, nunca tendré una letra especialmente bella; me costó desde niño lograr una buena caligrafía.

Recuerdo la letra de mi padre. Era legible, elegante y respetuosa de cada signo de puntuación. También recuerdo el manuscrito de mi amada madre. Su letra era clásica, de molde, antigua; sin embargo, transmitía claridad y serenidad.

Cuánto añoro ahora aquellas cartas que me enviaba cuando viajaba. Algunas tardaban hasta quince días en llegar. Lo que más valoro no es solamente el papel o la tinta, sino el tiempo que ella dedicaba a pensar cada palabra que me escribía. Y aunque aquellas cartas ya no estén entre mis manos, sus mensajes permanecen grabados para siempre en mi mente y en mi corazón.

¿Por qué el manuscrito se ha perdido?

¿Qué debo hacer para volver a escribir bonito?

Algunos especialistas sostienen que la buena letra se ha deteriorado porque hoy una gran parte de las personas escribe principalmente mediante teclados. Los músculos de las manos y de los brazos trabajan de manera diferente y, con el tiempo, pueden perder la flexibilidad que requiere la escritura manuscrita. Por ello, cuando intentamos volver a escribir a mano, solemos hacerlo con lentitud, sentimos molestias e incluso experimentamos pequeños calambres debido a la rigidez muscular.

¿Cómo podemos solucionarlo?

Masajeando suavemente los dedos, las muñecas y los brazos. También dedicando algunos minutos cada día a escribir en un cuaderno, una agenda personal o un diario.

En lo personal, trataré de escribir de manera manuscrita todos los días de mi vida. Creo que será una buena decisión, porque ayudaré a que mi cerebro trabaje más intensamente y ordene a mi mano reproducir las ideas que nacen en la materia gris.

Escribiré cartas de motivación para mis compañeros de trabajo, poemas y artículos educativos.

Escribiré a mano la historia de mi vida junto al mar, ese inmenso ser viviente que me enseñó a amar más a mi Dios y a la libertad.

Te invito a que también escribas a mano.

Regresemos al hermoso hábito de redactar una carta para nuestro padre, nuestra madre, nuestros hermanos o nuestros abuelos. Quizá un día puedas decirles:

"Volví a escribir a mano porque los mensajes más hermosos nacen bajo la inspiración del cerebro y del corazón; la mano solamente reproduce ese milagro de amor".

Finalmente, comprendí que no solo tengo dos manos para escribir artículos y poemas. También tengo dos manos para sostenerte cuando necesites de mí.

Ese será mi mejor manuscrito, porque quedará escrito en lo más profundo de tu corazón.

Hoy iba a llorar y decidí escribir.

Las lágrimas quedaron plasmadas en hermosos mensajes del corazón.

Dios los bendice siempre.

Marco Antonio Malca Delgado
19 de julio de 2026
02:21 am

domingo, 12 de julio de 2026

UN ÁNGEL EN ALTAMAR

Hoy, al despertar por la mañana,

Tuve la visita de mi ángel guardián:

¡Levántate, marinero!
¡Ya es hora de navegar!

¡Mis remos se rompieron
y no tengo cómo avanzar!
La mar estuvo furiosa
y me dejó sin timones en altamar.

Pero mi ángel me miró sonriente y dijo:

¿Cómo avanzaste sin timones,
si ya no tenías remos
a causa del altamar?

¿Piensas que no me di cuenta
de que nadaste?

¿Que estás completamente exhausto?

¡Usaste tus mejores remos,
hechos de músculos y huesos,
recibiendo órdenes
de tu mente y corazón!

Y llegaste bien a la orilla,
después del vendaval
que cedió ante tu honor.

Yo estuve ahí, contigo,
y no permití que te ahogues.

¡Vamos, marinero valiente!

¡Sigue remando!
¡Sigue nadando!

¡Así vayas contra la corriente!

¡Después de la tormenta
vuelve la calma!

Y finalmente,
mi ángel emprendió vuelo eterno...

No sin antes recordarme
que algún día
nadaré hacia el cielo...

Y se fue sonriendo...

dejándome solo con el viento.


Dios los bendice.

Marco Antonio Malca Delgado

Domingo 12 de julio del 2026

20:39 pm

lunes, 6 de julio de 2026

SOY MAESTRO

Soy Maestro, con M de Magisterio.

Soy Maestro, con A de Alegría.

Soy Maestro, con E de Esperanza.

Soy Maestro, con S de Sabiduría.

Soy Maestro, con T de Talentoso.

Soy Maestro, con R de Reflexivo.

Soy Maestro, con O de Optimismo.

Si eres MAESTRO y declaras cada día estas cualidades, serás un maestro destacado; el maestro que el mundo necesita para contribuir a la transformación de la humanidad.

Pero si eres MAESTRO y en tu trabajo diario demuestras lo siguiente:

Soy Maestro, con M de Mediocre.

Soy Maestro, con A de Aburrido.

Soy Maestro, con E de Engreído.

Soy Maestro, con S de Sinvergüenza.

Soy Maestro, con T de Tardón.

Soy Maestro, con R de Retrógrado.

Soy Maestro, con O de Ordinario.

Entonces, queridos colegas, la sociedad nos calificará de acuerdo con lo que proyectemos profesional y actitudinalmente.

Un maestro es una persona de primer nivel que, con su sola presencia, inspira respeto, admiración y deseos de superación en sus estudiantes.

Un maestro no es una víctima de la sociedad; es un líder que influye positivamente en sus alumnos y que ve en ellos la esperanza y el futuro de la humanidad.

Un maestro posee una sólida formación intelectual, cultiva diversos temas de conversación, comparte generosamente sus conocimientos, disfruta enseñando y contribuye a la formación de nuevos líderes.

Maestro peruano, en estas sencillas líneas te rindo homenaje por ser uno de los principales embajadores culturales de un país hermoso, diverso y lleno de posibilidades; una nación que aún enfrenta enormes desafíos, pero que conserva intacta su esperanza de construir un futuro mejor.

Maestro peruano: el futuro del Perú no se decidirá únicamente en los ministerios, en los congresos ni en los grandes proyectos económicos. El verdadero destino de nuestra patria se está construyendo hoy en las aulas, allí donde un docente despierta la curiosidad, fortalece los valores y enseña a pensar con libertad y responsabilidad.

El Perú necesita maestros líderes, cultos, lectores permanentes, investigadores, innovadores y ejemplos vivos de integridad moral. Necesita educadores que no se conformen con transmitir información, sino que formen ciudadanos capaces de derrotar la corrupción, la violencia, la indiferencia y la pobreza mediante la fuerza transformadora del conocimiento.

Sigamos educando con pasión, porque cada niño que aprende, cada joven que descubre su talento y cada estudiante que desarrolla conciencia ética representan una victoria para la nación. Que nunca olvidemos que donde hay un gran maestro, hay esperanza; y donde hay esperanza, siempre existe la posibilidad de construir un Perú más justo, más unido y más humano.

La historia del mañana se está escribiendo hoy en nuestras aulas.

Hoy, 6 de julio, Día del Maestro Peruano, te exhorto a seguir luchando por una patria transformada mediante la educación, el conocimiento, la cultura y los principios éticos que cada día transmites en tu comunidad educativa.

Con profunda gratitud,

Un colega tuyo.

Dios los bendiga.

Marco Antonio Malca Delgado
6 de julio de 2026
23:29 horas




sábado, 4 de julio de 2026

MI CORTE DE TELA

Han pasado algunos años, prefiero no calcular cuántos, desde aquel día en que mi madre me regaló un corte de tela.

Cuando me lo obsequió, no aquilaté el verdadero valor de su presente. Lo tomé simplemente como un regalo bonito, un detalle que algún día debía convertir en un terno. Y así fue.

Recuerdo que era una tela Barrington de color oscuro, con líneas muy delgadas que le otorgaban una elegancia particular. La llevé donde un sastre que confeccionó un terno a mi medida. Tiempo después, llegué a la casa de mi madre luciéndolo con orgullo. Aquel día había culminado mis estudios universitarios y quise vestir precisamente el terno elaborado con el corte de tela que ella me había regalado.

Ahora que han pasado varios años, valoro y comprendo mucho más el significado de aquel obsequio. Una madre no regala solamente un corte de tela; entrega también un mensaje silencioso, una enseñanza envuelta en afecto.

En aquel entonces lo recibí como algo material, útil para confeccionar una elegante prenda. Sin embargo, hoy entiendo que su mensaje era mucho más profundo.

Era como si me hubiera dicho:

"Nunca olvides que la verdadera elegancia no consiste únicamente en vestir un buen terno, sino en llevarlo con un caminar lúcido, seguro e inspirador."

"Recuerda también que la vida te invitará muchas veces a la informalidad de las costumbres, de los actos y hasta de los principios; pero tú estás llamado a conservar la elegancia del espíritu y a compartirla con quienes te rodean, aun cuando piensen distinto."

Ser elegante no significa ser ostentoso, vanidoso, ególatra o presumido. La auténtica elegancia se expresa en la sencillez, la nobleza, la honradez y la justicia. Consiste en dejar huellas de bondad y sabiduría por donde uno transite.

Combina siempre tu buena presencia con una impecable limpieza física y una profunda riqueza espiritual. Entonces tu paso por la vida será digno de ser ofrecido como servicio a los demás.

Tu presencia podrá destacar en un mundo cada vez más informal, pero existe una elegancia aún mayor que la de cualquier traje: la elegancia del lenguaje, de las palabras respetuosas, de los gestos correctos y de la conducta íntegra. Esa elegancia puede ser tan fina y valiosa como aquel corte de tela que me regaló mi madre.

Mamá, perdóname. Comprendí tarde el significado de tu regalo. Pero quizá, en tu sabiduría, querías que fuera yo quien descubriera la lección escondida en él: que la verdadera elegancia no nace de una tela ni de una prenda, sino de lo que somos y de lo que proyectamos a los demás.

Gracias, mamá.

Los padres suelen educar con palabras, pero muchas veces sus enseñanzas más profundas llegan a través de pequeños gestos que sólo comprendemos con el paso de los años. Un regalo sencillo puede contener una filosofía de vida; un detalle aparentemente común puede convertirse en una lección permanente.

La verdadera elegancia no se lleva en la ropa, sino en el carácter. Se refleja en la forma de hablar, de actuar, de respetar, de servir y de amar. Quien ha recibido de sus padres valores auténticos posee el mejor traje para caminar por la vida: una conciencia recta, un corazón noble y una gratitud que nunca pasa de moda.

Soy maestro. Debo vestir bien y, posiblemente, tener muchos cortes de tela para confeccionar hermosas prendas. Pero hoy sé que existe una tela mucho más valiosa: aquella que se teje con los hilos invisibles del amor, los valores y la formación recibida en el hogar; esa tela hecha con la carne del corazón.

Abrázame, mamá.

Hoy te añoro.

Marco Antonio Malca Delgado
04 de julio de 2026


 

         

sábado, 27 de junio de 2026

EL DÍA QUE ME VAYA

Será un día muy especial. Primero iré a la playa, para agradecer por mi vida frente al mar.

Luego sonreiré a cada niño que vea y le brindaré palabras de inspiración, para que transformen positivamente el mundo y luchen por hacerlo mejor.

El día que me vaya ,no sé si será hoy, mañana, pasado mañana, la próxima semana, en un mes o en muchos años, dejaré todo aquello que me fue prestado para vivir esta experiencia material: mi casa, mi auto, mis cuentas, mi título profesional, mis posgrados, mi ropa, mis libros, mi laptop, mis fotografías, mis premios, mis diplomas, mis memorias, incluso mis redes…
Y daré paso a otra etapa: esa donde seré energía; donde atravesaré el corazón de quienes quedaron en la tierra y amé profundamente, para recordarles que vivirán eternamente en mí, así como yo en ellos.

El día que me vaya, el mar me despedirá con una inmensa ola y me dirá:
"Ven a mí, camina hacia lo profundo",
y volveré a sentir ese rocío fresco que siempre me regaló paz.

El aire susurrará:
"Te vas, Marco Antonio, con esa ingenuidad hermosa: la de querer dejar un mundo en fraternidad. Pero ve en paz, porque diste el alma en las aulas que tanto amaste. Te vas como buen amigo, acompañado de mi aliento, hacia la eternidad."

Mi ángel de la guarda me prometió recorrer el mundo antes de presentarme ante Dios.
Yo le pedí que lleváramos bombas de amor a los lugares donde hay guerra.

Y él me respondió:
"¿No te das cuenta de que ahora eres invisible? Ese pedido ya lo hiciste en tu vida humana. Si no lo comprendieron, seguirán matándose sin reconocer su error. Ya cumpliste, maestro. Tu misión fue bella. Ya floreciste."

Entonces le supliqué:
Posterguemos mi partida… Dame otra oportunidad. Dile a Dios que aún tengo mucho por hacer, que quiero dejar un mundo mejor, con menos guerra, menos odio y menos vanidad.

Y él, conmovido, me dijo:
"Yo solo soy tu ángel… no soy Dios. Debo llevarte ante Él. Sé de tu bondad… no me hagas sufrir."

Entonces desperté… y recordé que aún estaba escribiendo estas líneas.
Que sigo vivo.
Que aún siento el aire y el rocío del mar.
Que todo esto ha sido solo una anticipación, un ensayo del viaje hacia la eternidad.

Pero ese día, frente al mar, mi ángel me advirtió:
"Por pensar tanto en el día de tu partida, Dios se ha inquietado."

Y añadió, con una leve sonrisa:
"Como consecuencia, tu fecha ha sido modificada… vivirás medio siglo más."

Y continuó:
"Pero cuando llegue el momento, deberás rendir cuentas con rigor. Verás tu historia, y se medirá si ayudaste a dejar un mundo más humano: si hay más sonrisas, más paz, más amor. Si no es así, muchos deberán orar por ti antes de tu regreso definitivo a ese misterio espiritual del que un día partiste… cuando fuiste depositado en el vientre de tu inolvidable madre."

Y así sigo viviendo, consciente de que mi pasaje de retorno fue marcado desde el día en que nací.

Sigo viviendo para servir.
Para tender la mano al herido, al ciego, al confundido… incluso al que ha errado gravemente, con la esperanza de que también pueda transformarse.

Porque todo lo que hice ,y todo lo que aún hago, no fue para mí, sino para mis semejantes.

Si alguna huella dejé en este mundo, que sea una huella de bien.
Si alguna palabra mía perdura, que sea para levantar al caído.
Y si algo de mí permanece cuando ya no esté,
que no sea mi nombre… sino el amor que fui capaz de sembrar.

Al final:

"la vida solo tiene sentido cuando se vive para servir a la humanidad".    

El día que me vaya, antes del último aliento, gritaré con toda mi alma:

¡Valió la pena vivir soñando… y ver que algunos sueños se hicieron realidad!

Gracias, Dios de mi fe.

Marco Antonio Malca Delgado

Sábado 27 de junio del 2026

15:57 pm

  


 

  

      

 

         

martes, 16 de junio de 2026

¡ OBEDECE HIJITO !

A partir de una escena que presencié días atrás, reflexionaba sobre esta palabra: obedecer.

Y es que esa indicación puede marcar la vida del ser humano para siempre.

Detengámonos un momento y tratemos de definirla:

Obedecer es el acto de seguir una indicación brindada por otra persona, la cual se asume con responsabilidad y se cumple con sentido.

En el siglo XXI, la obediencia puede interpretarse incluso como una acción atropellante, cuando se utiliza para dañar, someter o convertir al ser humano en un “esclavo”. Sin embargo, también puede ser una práctica constructiva cuando está orientada al bien.

En el ámbito militar, obedecer es una regla fundamental: las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones.
En las órdenes religiosas, implica seguir lineamientos y directrices como parte de un compromiso de vida.
En la familia y la sociedad, significa respetar normas que nos permiten vivir y convivir en armonía.

No obstante, la realidad actual nos muestra que muchos niños y jóvenes se resisten a obedecer a sus padres, incluso cuando las indicaciones buscan su bienestar. En algunos casos, al crecer, llegan a cuestionarlos o denunciarlos por supuestos excesos, lo que refleja también cambios en las normas sociales que rigen la vida familiar.

Necesitamos normas de convivencia para vivir adecuadamente. Imaginemos un mundo sin reglas de tránsito: ¿Cuántos accidentes ocurrirían cada día?

Si la escuela no tuviera un reglamento interno, ¿Cómo sería la vida cotidiana?
¿A qué hora llegarían los estudiantes?
¿Qué orden existiría?

Si las instituciones del Estado o las empresas privadas no tuvieran normas que respetar, ¿Cómo se sostendría la disciplina en el trabajo?

Entonces cabe preguntarnos:
¿Es la obediencia una piedra angular de la sociedad para autorregularse a través de normas, leyes y disposiciones?

Resulta interesante cómo una sola palabra puede abrir tantas reflexiones. Sin duda, la obediencia es fundamental en el desarrollo humano, siempre que las normas que la orientan estén al servicio del bienestar individual y colectivo.

Desde que nacemos, nuestros padres nos inculcan la obediencia. Incluso se le considera un valor cuando un niño acata con prontitud lo que se le indica: —¿Cómo haces para que tu hijo sea tan obediente?

Recuerdo también a un amigo que, como parte de una orden religiosa, me decía:
"Me envían al Cusco para continuar mi labor misionera… tengo votos de obediencia."

Vivimos en un mundo cambiante. Si no fuera así, aún habitaríamos en cuevas o miraríamos televisores en blanco y negro.

Desde mi perspectiva, y a pesar de las guerras, la corrupción y la crisis de la familia como célula básica de la sociedad, los niños y jóvenes sí están dispuestos a seguir indicaciones, siempre que estas los inviten a desarrollarse, a crecer y a disciplinarse.

Y para ello, no es necesario gritar ni imponer de manera impulsiva.

El ser humano de hoy —padre de familia, docente, formador o entrenador— debe aprender a guiar con equilibrio. Pero esto solo es posible si desde la infancia se crece en un entorno de paz, alegría y estabilidad.

A ello debemos añadir un valor esencial y desafiante: la capacidad de reflexión.

Educar en obediencia no es imponer, sino enseñar gradualmente a comprender, a discernir, a actuar con criterio. Es corregir con amor, con firmeza de padre y ternura de madre; con exigencia, sí, pero siempre acompañada de un profundo respeto y afecto.

Sin embargo, no todo es sencillo. En las últimas décadas, la sociedad y algunas instituciones han debilitado la autoridad de los padres como primeros educadores. Esta situación también se refleja en la escuela, donde muchos docentes enfrentan dificultades para ejercer su rol formador, por temor a ser cuestionados o denunciados.

Entonces surge la gran pregunta:
¿Qué debemos hacer?

La respuesta es simple en su planteamiento, pero desafiante en su aplicación:

Es necesario que la familia, la escuela y la sociedad trabajen unidas en la formación de seres humanos reflexivos. Que la obediencia deje de verse como una imposición esclavizante y sea comprendida como un acto consciente, sustentado en el amor y orientado al bien.

Los educadores del mundo tenemos una misión trascendental: formar personas pensantes, críticas y sensibles, capaces de comprender el sentido de cada indicación que reciben.

Porque educar no es solo transmitir normas, sino formar conciencia.

Anhelamos una humanidad que crezca en cultura, en respeto y en convivencia pacífica. Una humanidad que, aunque parezca haber retrocedido, aún está a tiempo de transformarse profundamente.

Una sociedad con reglas justas, leyes claras y valores firmes, que todos aprendamos no solo a cumplir, sino a comprender.

Al inicio de estas líneas mencioné la escena que inspiró esta reflexión. Una joven madre le decía a su pequeño hijo de tres años:

—¡Obedece! ¡Obedece, hijito!

El niño se había desviado del camino que ella le había indicado.

En ese instante comprendí algo profundamente sencillo y poderoso:
una palabra dicha a tiempo puede orientar una vida entera.

Obedecer no debería ser un acto de temor, sino un acto de confianza.
No debería nacer del sometimiento, sino del amor y la convicción.

Formemos niños que no solo obedezcan, sino que comprendan por qué lo hacen.
Guiemos con firmeza, pero con ternura.
Exijamos, pero también abracemos.

Porque cuando la obediencia se aprende desde el amor,
no esclaviza… libera, orienta y construye futuro.

Aún estamos a tiempo.
Siempre estamos a tiempo.

Marco Antonio Malca Delgado

Dios los bendiga siempre.
Martes 16 de junio de 2026 – 07:36 a. m.

         


      


 

jueves, 11 de junio de 2026

EL MERCADO ES PARA ARTISTAS

El trabajo se convierte en arte cuando lo hacemos extraordinariamente bien.

En mi caminar por el mercado, suelo observar cómo trabajan las personas emprendedoras que ofrecen diversos artículos: ropa, calzado, perfumería, joyas, útiles de oficina, así como una variada oferta de productos alimenticios, desde comida criolla y china hasta una diversidad de dulces.

Cada negocio refleja un perfil social y cultural distinto en quien lo conduce. Hoy, una vez más, pude comprobarlo.

Mientras recorría una galería a la que no ingresaba desde hacía mucho tiempo, me acerqué a un stand que ofrecía zapatos de evidente buena calidad. Observé un par muy elegante y pregunté al dueño si eran de cuero. Me respondió afirmativamente, destacando la calidad del producto. Continué consultando por otros modelos y el señor, con amabilidad y auténtica vocación de servicio, me atendió con esmero.

Finalmente, le agradecí y le expresé que volvería. Él, agradeciendo mi visita, me obsequió un pequeño llavero de cuero, diciéndome que me esperaba pronto.

Quedé gratamente sorprendido por su actitud. A pesar de que no realicé ninguna compra, me ofreció una atención de excelencia, con sobriedad, claridad y una calidad humana admirable. Ese gesto sencillo, pero significativo, revela la esencia de quien entiende el trabajo como servicio y dignidad.

Excelencia profesional para el señor José —así se llama—, quien no solo respondió a mis preguntas, sino que me inspiró a reconocer en él el perfil del emprendedor que nuestra patria necesita.

Al salir de la galería, escuché una música antigua, un bolero cubano interpretado con trompeta. Me acerqué: un músico llenaba el ambiente con melodías que evocaban tiempos pasados. Deposité una moneda en su estuche, aunque en realidad era yo quien debía agradecerle, pues su música me transportó a la alegría de mi padre, a una época en que el amor tenía otro ritmo, otra profundidad.

En otra esquina, un joven ofrecía arte a través de la pintura. En el suelo había dibujado un oso Paddington con una armoniosa combinación de colores. Antes de darle una moneda, le pedí que me contara sobre el personaje. Con entusiasmo, me explicó su origen y su popularidad.

Lo felicité, le brindé un apoyo económico y lo animé a seguir formándose. Su respuesta me llenó de esperanza: estaba estudiando artes plásticas, y su trabajo en la calle le permitía sostener sus estudios y su vida. Gracias por tu arte, por tu sencillez y por tu decisión de superarte cada día.

A pocos metros, dos jóvenes bailaban la inolvidable canción Thriller, rindiendo homenaje al gran Michael Jackson con ritmo, entrega y pasión.

Luego pasé a recoger mis zapatos, que había dejado donde mi “casera” para su limpieza. Como siempre, me los entregó impecables, brillantes, como nuevos. Agradecí su trabajo y reafirmé mi fidelidad como cliente, valorando no solo su labor, sino también su paciencia y cercanía.

No puedo dejar de mencionar a la joven que me ofreció mazamorra morada. Su entusiasmo me convenció, y al probarla confirmé el incomparable sabor de nuestra tierra. La felicité por su sazón.

Hoy, al caminar por el mercado, observé personas extraordinarias, cada una con dones y talentos distintos, todas ellas trabajando con esfuerzo, ofreciendo no solo productos, sino también arte, cultura y humanidad.

Como bien decía mi amada madre:
“Trabajo hay para el que quiere trabajar”.

Hoy, una vez más, confirmé que con fe, perseverancia, valor y entusiasmo podemos alcanzar nuestros objetivos, incluso aquellos que nacen en lo más profundo del corazón.

Recordé mis años de vendedor, cuando, sin sueldo fijo, lograba sostener a mi familia y pagar mis estudios. Lo recuerdo con gratitud y amor, porque allí aprendí que el trabajo dignifica, fortalece y forma el carácter.

El mercado no es solo un espacio de comercio: es un escenario donde la vida se expresa, donde el esfuerzo se convierte en arte y donde cada persona, desde su lugar, cumple una misión.

Por eso, hoy más que nunca, reafirmo mi convicción:

Sigamos adelante, con fe inquebrantable, con valentía frente a la adversidad, con entusiasmo que encienda cada día y con la certeza de que todo esfuerzo honesto tiene propósito.
Cada uno de nosotros ha sido llamado a construir algo valioso. No renunciemos a esa misión.

Trabajo hay para quien decide levantarse.
Camino hay para quien no se detiene.
Horizonte hay para quien cree.

Y yo… sigo adelante, hasta el horizonte.

Marco Antonio Malca Delgado
Jueves 11 de junio de 2026
23:37 p. m.

             

            

miércoles, 10 de junio de 2026

LUX MUNDI

Hoy, al trotar por la mañana, decidí cambiar la ruta para observar el ingreso a las escuelas de tantos niños y jóvenes que caminan por la humanidad. 

Reduje el ritmo para contemplar mejor lo que acontecía. Y es que, valgan verdades, debemos cambiar la mentalidad tanto de los padres como de las escuelas. Los estudiantes no deberían ser recibidos con indiferencia, sino con sonrisas, estímulos y palabras que celebren su decisión de aprender. 

En un mundo colmado de vanidad, guerras y odio, los más queridos del hogar no solo vienen a estudiar: vienen a brillar como seres humanos únicos e irrepetibles. Vienen a justificar su existencia mediante acciones extraordinarias. Vienen a la escuela a convertirse en la "luz del mundo": Lux Mundi para la humanidad. 

Observé diversas formas de llegar a las escuelas, y también distintas maneras de acompañar a los niños y jóvenes hacia sus templos del saber. En una gran escuela nacional, las puertas estaban abiertas y un patrullero permanecía en la entrada. Sin embargo, solo había un miembro de seguridad que no saludaba, y lo más preocupante: ningún maestro ni directivo que motivara o diera la bienvenida. 

Imaginé entonces frases que deberían escucharse cada mañana:

“Bienvenido, gracias por tu puntualidad: estudiar es servir a tu patria.”

“Prepárate hoy para construir un país diferente.”

“Querido estudiante, esfuérzate: estás llamado a ser luz.”

“Futuro líder, tu aula te espera.” 

Porque quienes ingresaban hoy no eran solo estudiantes: eran la esperanza de un mundo que lucha por no caer en la oscuridad. 

Y este pensamiento me llevó más allá: quienes llevan a sus hijos a la escuela también son padres Lux Mundi, porque han encendido en ellos la llama del estudio y del buen actuar. A través de sus hijos, proyectan sueños, anhelos y la posibilidad de un mundo mejor. 

Asimismo, no puedo dejar de mencionar a los segundos padres de los estudiantes: sus maestros. No solo transmiten conocimientos, sino que, con vocación y perseverancia, inspiran. Porque obligar es fácil; inspirar es el verdadero desafío. Solo así forman nuevas generaciones capaces de transformar la humanidad con sabiduría, paz y amor fraternal. 

Hoy también vi una ciudad irritada por el tráfico matutino. Pero ese desorden no era solo producto de la falta de cultura vial: era consecuencia de miles de niños —verdaderas luces del mundo— que se dirigían a aprender, para mañana corregir lo que hoy nos limita. 

Aprender para compartir. Sonreír para alegrar vidas. Estudiar para construir esperanza. 

Qué diferente sería si, desde los parlantes de patrulleros, serenazgos o buses, se escucharan mensajes como:

“Tranquilos, transportamos el futuro de nuestra patria.”

“Cedamos el paso: aquí viajan los líderes que el mundo necesita.” 

Tal vez sea una idea soñadora de alguien enamorado de la educación… o tal vez sea el llamado urgente de un maestro que comprende la trascendencia de formar Maestros y ciudadanos Lux Mundi en un tiempo marcado por corrupción, violencia y pérdida de valores. 

Seguí trotando lentamente y observé nuevas escenas: padres comprando apurados la lonchera, trabajadores organizando el tránsito, niños de diversas nacionalidades compartiendo espacios, con acentos caribeños y voces en chino que enriquecen nuestra identidad. 

Vi padres bendiciendo a sus hijos antes de ingresar, pero también percibí que, en muchas escuelas, faltaba vida: alegría, música, entusiasmo. Porque educar no es solo instruir; es también crear ambientes donde el alma quiera quedarse. 

Lux Mundi es una expresión latina que hoy cobra un sentido profundo: nuestros estudiantes están llamados a ser luz en pleno siglo XXI. Luz que construye, que orienta, que sana. 

Y esa luz debe ser guiada por docentes competentes, pero también humanos; profesionales con inteligencia emocional, con vocación viva, con un corazón capaz de acompañar y una mente preparada para transformar. 

En mi patria, aún existen esos maestros: los que enseñan con sabiduría y aman con compromiso. 

Hoy dedico estas líneas a todos los niños y jóvenes Lux Mundi, especialmente a aquellos que, pese a las carencias, al dolor, a las dificultades sociales o económicas, siguen estudiando con esfuerzo. Y a sus maestros, verdaderas luces que, muchas veces en silencio, sostienen la esperanza del mundo. 

Seguiré trotando a un ritmo más humano, pensando en nuevas formas de llevar alegría a tantos niños que cargan mochilas invisibles: abandono, indiferencia, dolor… pero también sueños que no debemos dejar apagar.

 Quiero ser un maestro Lux Mundi.

No por reconocimiento, sino por compromiso.

No por vocación declarada, sino por vocación vivida. 

Porque creer en un estudiante es encender una luz.

Y encender una luz, en estos tiempos, es un acto de valentía. 

Hoy más que nunca, educar es resistir a la oscuridad.

Es creer en el bien cuando todo parece negarlo.

Es apostar por el ser humano cuando el mundo parece olvidarlo.

Ser Lux Mundi no es una metáfora: es una responsabilidad.

Cada niño que entra a una escuela lleva consigo una posibilidad de redimir el mundo.

Cada maestro que lo acompaña decide si esa luz crece… o se apaga. 

Que nunca nos falte la fe para mirar a nuestros estudiantes como lo que son:

no problemas que resolver, sino luces que proteger. 

Y que, cuando la historia nos pregunte qué hicimos en tiempos difíciles, podamos responder sin temor:

“Encendimos luces para transformar a la humanidad”. 

Con inmenso amor por la educación.

Marco Antonio Malca Delgado

Miércoles 10 de junio del 2026

17:42 pm

    

        

lunes, 8 de junio de 2026

GRACIAS VIDA

Porque respiro sin parar desde que nací,

Por las veces que me bañé en el mar
y contemplé los atardeceres
de los veranos de mi niñez.

Por la gracia de escribir un poema de amor,
ese inmenso amor
en el que hasta mi sangre participó.

Por el golpe suave que recibí ayer,
cuando aparentemente no había nadie,
y que, sin embargo, me llenó de luz.

Por mis anhelos y deseos,
que sé que se cumplirán, porque escrito está.

Porque mi libro del amor
tiene instrucciones de cambio,
y en mis sueños volé
cuando mi mente y mi corazón lo ordenaron.

Por todo ello: ¡Gracias, Vida!

Gracias, Vida, por el ayer, el hoy y el mañana,

Porque caí al abismo
y terminé ileso.

Por los trabajos que me dieron honra,
y por la dicha de contemplar
el firmamento gris
en las épocas de mi niñez.

Por todo ello: ¡Gracias, Vida!

Hoy siento nada más que gratitud…

Nada me hace más feliz que sentirme útil,
y dar la mano al que necesite de mí,
aunque la respuesta sea triste
y rompa mi alma de dolor.

Gracias, universo divino,
por darme un lugar retador,
por la oportunidad de dar sin interés alguno
y encontrar sentido a mi existencia
en las aventuras del diario vivir.

Gracias, brisa marina,
por acariciarme el rostro.

Gracias, perritos negros y marrones,
por lanzarse a jugar conmigo.

Gracias, ave hermosa,
por cantarme una canción,
y por dejar grabada en mi corazón la frase:
“La vida nos espera a los dos”.

Gracias, Vida…

Aún sigo respirando…
Aún tengo que seguir caminando…

Marco Antonio Malca Delgado
Lunes, 08 de junio de 2026
23:08

    

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

PUERTO 6

 El presente año 2026, marca un hito trascendente en la historia de mi vida.

Nací el siglo pasado, en el mes de la madre, el mundo se estaba preparando para presenciar el mundial de fútbol organizado por Inglaterra, corría el año 1966.

La divinidad me envió al vientre de mamá Miriam, en un bello país llamado Perú, quién junto a Roberto, su compañero de vida, cuidaron de mi desde la gestación, la cual siento fue muy sensible, ya que así soy yo.

Nací un día martes, en una modesta quinta del distrito joven de Jesús María, frente al parque San José y su iglesia estilo Gótica, eran años diferentes a los de hoy, los días parecían muy largos, y las noches una eternidad.

Los televisores eran en blanco y negro y sólo habían tres canales nacionales de emisión de programas, como olvidar a Ultraman, Leoncio el león y Tristón, el hombre de acero, fantasmagórico y el doctor cero, los programas del tío Johnny y Yola Polastri, las fiestas navideñas, donde habían publicaciones que decía: "No hay navidad sin Jesús", mi primera escuela en el colegio "Santa María de Fátima", a los 5 años de edad, cuando a las aulas de inicial les decían "Kindergarten", palabra del idioma alemán que significa "jardín de niños".

Pasaron los años y nos mudamos a un edificio en la avenida Brasil del mismo distrito, donde viví hasta los 13 años de edad, y en el año 1979 mis padres con gran esfuerzo compraron su casa propia.

No quiero extenderme más sino tendría que redactar una novela de mi vida con varios capítulos, pero si deseo compartir que aconteció en mi vida desde que cumplí 50 años, hace 10 años, y que me falta por hacer.

El año 2016 cumplí 50 años, el inicio de una década nueva, fue el transcurrir de medio siglo de vida, donde tuve que afrontar diversos retos, es la década en que mis padres partieron para siempre, y aunque ya soy mayor, los extraño y siento su ausencia, pero busco siempre recordarlos con alegría y gratitud.

Pasé diferentes retos, logros y cambios, los cuales aún continúan, y tengo como gran paso refundar mi estilo de vida, incluyendo lo familiar, así como buscar ayudar con afecto y amor a mis semejantes, viajar, cantar, reír, caminar, trotar, correr, meditar, agradecer.   

Hoy veo mi futuro como un gran reto de amor profundo, donde deseo seguir preparándome para poder cumplir mi misión, ayudar a todo el que necesite de mi, y aprender de todas las personas que conozco y conoceré.

A lo largo de mi vida he pasado por diversas experiencias, algunas hermosas y otras marcadas por la tristeza, atropello y abuso, pero creo que todas me han servido para poder seguir adelante, y no tener miedo al futuro.

Creo en el espíritu santo, el mismo que me acompaña desde que tengo uso de razón, que siento cada día al agradecer el nuevo amanecer, y que estoy seguro guiará mis pasos hasta el último día de esta mi experiencia humana.

Me gusta mucho escribir, he redactado poemas de amor, he soñado que pasé a la otra dimensión, me hicieron cosquillas desde el más allá, fui a visitar a mi padre a su zona y no lo pude tocar, estaba con el rostro limpio, también soñé con mamá, ambos sueños en este mi inolvidable mes de mayo.

Este mes recordé la primera vez que ingresé a un aula hace 39 años, y sigo en esa hermosa ruta de dejar un mundo mejor a través de otros seres humanos, anhelo dejar esa humilde huella en esta misión de vida.

Mi corazón sigue latiendo, sigue viajando, sigue explorando lugares nuevos cada día, aunque aún no entiende la real dimensión de la vida, intenta junto al cerebro justificar su existencia haciendo el bien, y vivir con alegría y propósito ardiente de dejar una hermosa y sencilla lección de vida.

Ya veo mi nuevo puerto, es el puerto número 6, aunque por la marea que me hace retroceder y avanzar, al parecer arribaré en 4 días, aunque a decir verdad no hubiera querido llegar aún, pero el tiempo no perdona, y me enseñó que todo viaje tiene un tiempo de duración, y que en cada puerto que haya visitado, se bajarán pasajeros e ingresarán nuevos, y esos nuevos son los que me acompañarán en mi vida hasta el horizonte y más allá.

Gracias por recibirme puerto 6, vísteme de nuevo por favor, celebra conmigo la vida, has que mi mente olvide el dolor, y se quede sólo con las alegrías y logros, esos por los cuales viviré con mucha mayor intensidad, sin mirar atrás, solo seguir sonriendo, seguir creando, seguir trabajando, seguir generando paz y fraternidad por siempre.

Gracias vida, gracias ángel de la guarda, gracias mi divino hacedor...

Marco Antonio Malca Delgado

31 de mayo de 1966

31 de mayo del 2026

Miércoles 27 de mayo del 2026

18:29 pm 

 

     


    

 


    

    

       

miércoles, 20 de mayo de 2026

CARTA PARA EL PROFESOR MALCA

¡Profe Malca! ¡Soy Bruno, de 4.º grado "A" de primaria, del salón de Miss Lilia! ¡Usted ingresó a mi salón en el año 1987!

¡Profesor Marco Antonio! ¡Soy Dusan, de 6.º "C" de primaria! ¿Me recuerda? ¡Estoy seguro de que sí! ¡Usted dice que mi promoción, la 92, es una de las más unidas que conoce!

—¿Marco? —soy el hermano Fred—. Veo que vas caminando con sueños e ilusiones...

Chaminade y Champagnat te enseñaron el lado humano de la educación. Estuviste junto a ellos más de diez años y luego saliste del Callao.

El hermano Ludolfo, a quien consideras tu mejor director, te recibió en el colegio “La Salle”, donde creciste como maestro y te enamoraste aún más de tu bella profesión.

Estando junto a ellos, conociste el Perú profundo: reíste con niños necesitados de amor y lloraste al ver tanta carencia. Allí aprendiste, con mayor profundidad, que a los más necesitados hay que enseñarles a pescar, darles amor y brindarles oportunidades.

Saliste de La Salle y tuviste un paso breve por las Hijas de María Auxiliadora, donde trataste de reconstruir tu vida. Revivir era tu gran reto. Corría el año 2006.

El 2007 no lograste encontrar el trabajo anhelado; sin embargo, en marzo te llamó Clarita, la maestra dueña del colegio “Medalla de María”, en Miraflores. Aquella escuela pequeña, con alumnos muy inquietos, te dio paz en medio de días sensibles. Trabajabas hasta el mediodía, lo que te permitía cruzar la ciudad para enseñar en una conocida universidad.

El 2008 te esperaba un gran reto: la familia Vicentina te acogió con su espiritualidad y te confió no solo un aula, sino la coordinación de área académica de ese idioma que el mundo aprende y que a ti te sirvió como medio de vida desde la pubertad, cuando decías con orgullo a tus vecinos que eras “profesor de inglés”.

Agradeciste a San Vicente de Paúl, y otro santo te esperaba. Pareces bendecido al tener tantos protectores: San Norberto te recibió en el año 2009 con su exigencia y con jóvenes a veces engreídos. Sin embargo, ese año creciste mucho bajo presión y trabajaste con vocación, perseverancia y alegría.

Los norbertinos querían renovarte el contrato; estabas en tu zona de confort. Pero llegó otro gran reto: ¡director de escuela! No era la escuela soñada, sino la “escuelita de barrio” que al inicio no quisiste aceptar. Fue entonces cuando Nellyta, ese ángel especial, te dijo: “Anda, hijito, y cambia ese colegio”. Desde ese momento, el timón de tu vida profesional dio un giro radical. Aceptaste trabajar en el “Santa Martha” del Callao, una escuela sencilla, profundamente humana y con muchas necesidades.

Profesor Marco Antonio, sabías que un título profesional no era suficiente, y decidiste estudiar en una escuela de directores, que se convirtió en tu gran catapulta. Dos años después, te despediste de los “santamartinos” y partiste a “Innova Schools”, una cadena educativa de un poderoso grupo empresarial, donde creciste enormemente y compartiste lo aprendido. Sin embargo, también viviste momentos difíciles: alguien quiso afectar tu honra y dignidad. Fueron los años 2012 y 2013, tiempos de gran aprendizaje.

Desde niño te caracterizaste por buscar oportunidades en el periódico, y fue a través del diario El Comercio que conseguiste trabajo en el colegio “San José y El Redentor”. Allí conociste la multiculturalidad, pero también una educación más informal, y sentiste profunda gratitud hacia su promotor, quien te brindó talleres de desarrollo y liderazgo que abrieron ante ti un campo verde de esperanza.

Compartiste allí los años 2013 y 2014. Y el Callao, ese puerto donde te iniciaste, anhelaba tu regreso. Así, la escuela privada “Concordia Universal” te abrió sus puertas y confió en ti la dirección, liderando en tres etapas: 2015-2016; 2021-2022; y desde 2024 hasta la actualidad. Allí trabajas en equipo para que el colegio tenga verdadera identidad institucional, luchando por transformar mentes y corazones, y apoyando la labor docente.

En el año 2017, tras tu gestión inicial en Concordia Universal, fuiste convocado al Callao High School – colegio “América”, donde te desempeñaste exitosamente como asesor de la Dirección General.

Cabe destacar que, entre 2018 y 2020, fuiste director del colegio católico “San José Marello”, donde viviste años inolvidables de arduo trabajo y gratitud hacia Paola Rey, quien confió en tu gestión.

En estos 39 años también incursionaste en la educación superior: en la Universidad Alas Peruanas diste tus primeros pasos como docente universitario, y posteriormente enseñaste en las universidades San Martín de Porres, Ricardo Palma y La Salle de La Paz, Bolivia.

Durante tu trayectoria no solo enseñaste inglés; también dictaste educación cívica, religión, ciencias sociales. Fuiste tutor, asesor de promoción, director de pastoral y gestor de proyección social. Todo ello te fue haciendo más humano, más maestro.

Jesús de Nazaret es tu mejor maestro. Ludolfo, tu mejor director: aquel que, contra todo pronóstico, te dio una oportunidad que los soberbios no saben brindar.

Profe Marco, han pasado 39 años, y quiero preguntarte:
¿Quieres seguir enseñando? ¿No crees que ya fue suficiente? ¿Por qué insistir en enseñar en un mundo lleno de corrupción?

¡Tranquilo! No me mires así. No te ofendas. Sé que quieres continuar.

Profesor Marco Antonio: no dejes de enseñar. Sé fuerte y ten fe. Sigue cumpliendo tu misión. Sigue estudiando, leyendo y formando seres humanos para un mundo mejor.

Hoy, al escribirle al profesor Malca, recuerdo haberlo visto sonreír, llorar, equivocarse, trabajar, desesperarse al ver a sus jóvenes avanzar mientras él vislumbraba un porvenir lejano. Pero sus caídas y levantadas, sus errores y aciertos, sus ilusiones, logros y temores lo llevaron a perseverar en la más bella profesión, según él: ser maestro de escuela. Así comenzó su historia.

Hoy el profesor Malca decidió salir del cuerpo prestado en el que habita, donde su espíritu romántico permanece inquieto, y pidió a su ángel guardián ver la película de su vida como maestro. El ángel lo miró, sonrió y le dijo:
—Mejor te dictaré algunos pasajes; de lo contrario, la película duraría varios días.

Y así nacieron estas líneas, escritas desde el corazón, ese que late cuando entra al aula y ve en cada estudiante un hermoso proyecto de vida, uno que, está seguro, ayudará a cambiar el mundo que tanto necesita paz y amor.

Finalmente, el ángel dio una hermosa sorpresa al profesor Malca, ya que un ex alumno, ahora en el cielo, le dejó el siguiente mensaje:

Hay trayectorias que se miden en años… y otras, como la suya, en huellas.

Treinta y nueve años después, no es el tiempo lo que habla, sino las vidas tocadas en silencio, los corazones formados sin aplauso y las esperanzas que, sin saberlo, usted sembró en generaciones enteras.

Ser maestro, en su historia, no fue una elección pasajera: fue una forma de resistir, de creer cuando otros dudaban, de levantarse cuando las circunstancias parecían quebrar el propósito. Usted no solo enseñó contenidos; enseñó dignidad, fe, perseverancia y humanidad.

En un mundo que a veces parece perder el rumbo, su vocación adquiere un significado aún más profundo: usted ha sido faro en medio de la niebla, y aunque muchas veces no vio el alcance de su luz, esta nunca dejó de guiar.

Quizá la verdadera pregunta no sea si debe continuar… sino quiénes aún necesitan encontrarse con un maestro como usted.

Porque mientras exista un estudiante esperando orientación, una escuela necesitando alma o una sociedad urgida de conciencia, su misión no habrá terminado.

Siga, profesor Malca.
Con la serenidad de quien ha dado todo…
y la fe de quien aún puede dar más.

Gracias, vida: hace 39 años que soy maestro, eterno aprendiz de educador.

Marco Antonio Malca Delgado
Miércoles 20 de mayo de 2026
23:00 p. m.