El día martes 17 de febrero de 2026, el Congreso de la República del Perú aprobó siete mociones de censura y destituyó al presidente interino José Jerí Oré, con 75 votos a favor, en medio de fuertes cuestionamientos vinculados a reuniones no registradas con un empresario de origen chino y presuntas irregularidades en contrataciones de funcionarias tras visitas nocturnas a Palacio.
Esta decisión convirtió a Jerí en el séptimo presidente peruano en diez años,
lo que evidencia un ciclo de inestabilidad política sin precedentes en la
región.
Estos hechos, que se suman a una década marcada por
vacancias, renuncias, juicios
políticos, escándalos de corrupción e interinatos breves, no solo
revelan una crisis institucional, sino también una crisis cultural, ética y educativa.
Por eso, como comunidad educativa, debemos
preguntarnos: ¿Qué tiene que ver todo
esto con nuestro rol docente y con la formación de nuestros estudiantes?
1. La crisis política es un síntoma educativo
La destitución de un presidente por “inconducta
funcional y falta de idoneidad” habla de un país donde la ética pública se ha
debilitado.
Pero ningún adulto corrupto aparece de la nada:
Es el resultado de un proceso formativo
incompleto.
Como educadores debemos asumir que nuestra tarea va
más allá de enseñar contenidos. Formamos criterios, hábitos morales, sentido de
responsabilidad y respeto por la verdad.
2. El problema del Perú no es solo político: es
cultural
Las investigaciones mencionan reuniones
semiclandestinas, presuntas irregularidades, uso indebido de la función pública
y falta de transparencia.
Cuando la ciudadanía normaliza prácticas así, el
país pierde rumbo.
Eso nos obliga a una reflexión seria:
- ¿Qué
tipo de ciudadanos estamos formando?
- ¿Qué
valor tiene la integridad en nuestra escuela?
- ¿Cómo
promovemos la cultura del mérito frente al facilismo, el amiguismo o la
corrupción?
3. La escuela es el primer espacio de prevención de
la corrupción
El Perú tiene actualmente:
- 8 cambios presidenciales en 10 años, con Jerí incluido.
- Un
Congreso y un Ejecutivo permanentemente enfrentados.
- Una
ciudadanía cada vez más desconfiada del sistema político.
Frente a este panorama, la escuela debe ser un espacio de contracultura ética.
Esto se traduce en acciones concretas:
- Enseñar
que la responsabilidad es un valor cotidiano.
- Exigir
mérito y esfuerzo real a los estudiantes.
- Practicar
transparencia en nuestros propios procesos.
- Promover
la verdad y combatir las mentiras, rumores y manipulación.
- Formar
líderes que busquen el bien común, no el beneficio individual.
4. Mensaje para los docentes de hoy
La educación no puede
impedir todos los problemas del país, pero sí puede cambiar profundamente a las
próximas generaciones.
En un Perú donde presidentes caen uno tras otro,
nuestra labor cobra un doble sentido:
- Resistir la cultura de la corrupción.
- Sembrar una nueva cultura de responsabilidad y
ética.
Cada clase, cada corrección, cada conversación es
un acto de país.
Somos sembradores de un futuro distinto.
5. Reflexión final para el equipo
Invitémoslos a reflexionar desde tres preguntas
clave:
- ¿Qué valores deben fortalecerse urgentemente en
nuestra escuela?
- ¿Qué prácticas cotidianas de nuestra
institución contribuyen a formar ciudadanos íntegros?
- ¿Cómo podemos responder, desde la educación, a
una crisis nacional que parece interminable?
La política podrá seguir siendo inestable, pero la escuela debe permanecer firme.
Nos toca a nosotros decidir si formamos a los
próximos líderes…
o a los próximos corruptos.
Marco
Antonio Malca Delgado
Miércoles 18 de febrero del 2026
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