Queridos padres de familia del Perú:
Con sincero afecto me dirijo a ustedes para reflexionar sobre una solicitud que muchos realizan al inicio del año escolar. Luego de revisar, junto a sus hijos, la lista de alumnos del grado y la sección que les tocará compartir, y si esta “no les gusta”, inmediatamente les “ordenan” acudir al colegio para exigir un cambio de aula.
He observado que suelen presentar diversas razones:
- Mi hija no se lleva bien con la mayoría de sus compañeras.
- Sus compañeras la ignoran.
- Ella siempre estudia con su mejor amiga.
- Se siente sola y deprimida.
- Le han hecho bullying por exclusión.
- La tutora que le ha tocado la mira mal.
Y un largo etcétera de argumentos que, en la mayoría de los casos, carecen de sustento objetivo.
A pesar de que los colegios diseñan las listas por sección considerando criterios académicos, emocionales y psicológicos, siempre hay padres que no respetan las normas institucionales y creen que la solución para que sus hijos “se sientan bien” es cambiarlos de aula. Con ello, muchas veces, se convierten —sin advertirlo— en gestores de una formación frágil de la personalidad de sus hijos desde edades tempranas.
Terminé la escuela hace 44 años, y en mi generación ningún padre se acercaba a la institución educativa a solicitar cambios de aula. Ocurría todo lo contrario. Recuerdo claramente haberle dicho a mi padre:
“Papá, en mi salón algunos alumnos me molestan”.
Y mi padre me respondió:
“No permitas que te falten el respeto”,
“Habla con tu profesora”,
“Yo iré a conversar con la maestra”,
“Y si es un caso extremo, no permitas que te atropellen; defiéndete, yo responderé por ti”.
Es decir, los padres de antes formaban hijos con personalidad sólida, con nociones claras de dignidad, autoestima, seguridad personal y respeto por sí mismos. Valores que hoy parecen diluirse con preocupante facilidad.
La labor del docente en la actualidad es mucho más retadora. Día a día debe enfrentar actitudes nocivas de algunos estudiantes que reflejan baja tolerancia, escasa autoestima y una personalidad débil, muchas veces forjada —involuntariamente— en hogares sobreprotectores. Esto provoca que el maestro deje de ser educador para convertirse en “niñero”, en “vigilante” o en “policía sancionador”, perdiéndose valiosos minutos y horas que deberían destinarse al aprendizaje y a la formación integral.
Retomando el tema del cambio de aula, es necesario recordarles a los padres que no solo han traído hijos al mundo como fruto de un acto de amor. Su misión va mucho más allá. Los padres están llamados a formar proyectos de vida, personas seguras de sí mismas, con carácter, carisma y valores firmes; seres humanos que respeten, aprecien y valoren a los demás, aun en la diversidad.
En el sistema educativo del pleno siglo XXI, observo docentes agotados mental y emocionalmente, sobrecargados por la presión de obedecer indicaciones de padres sobreprotectores que, por falta de experiencia o reflexión, creen que la solución es “proteger” a sus hijos de “los malos que los rodean”. Sin embargo, en la vida real todos —incluidos sus hijos— tendremos que convivir con personas de diversos estratos sociales y culturales: algunas con carencias formativas, otras con conductas agresivas o lenguaje inadecuado, pero también con personas nobles, solidarias y fraternas, fruto de hogares bien formados.
Formar hijos no es evitarles los conflictos, sino enseñarles a enfrentarlos con dignidad, inteligencia emocional y valores. Los niños y jóvenes de hoy serán los líderes de la sociedad de mañana. Líderes que no se forjan huyendo de las dificultades, sino creciendo a través de ellas; líderes que transformen su entorno con carácter, empatía, justicia y coraje moral.
Queridos padres, no soliciten cambio de aula a la primera dificultad. Formen en sus hijos personas seguras, capaces de defenderse de manera pacífica pero firme, preparadas para interactuar con todo tipo de personas, hábitos y realidades. La escuela no debe ser un refugio artificial, sino un espacio de formación para la vida.
Padres: formen personas fuertes por dentro, éticas en sus decisiones y sensibles ante el dolor ajeno. El mundo no necesita más adultos protegidos, sino líderes humanos, íntegros y transformadores, que hayan aprendido desde casa a respetarse, a respetar y a servir.
Dios los bendiga.
Marco Antonio Malca Delgado
Viernes 10 de abril de 2026
04:22 a. m.
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