sábado, 25 de abril de 2026

MISIVA A UN VICTORIANO

Mario, mi hermano, hoy te saludo desde mi dimensión, esa en la que aún puedo tocar, oler, saborear, caminar, trabajar y estudiar.

Recuerdo cuando te conocí gracias a nuestro hermano Leo, el mismo con quien recorriste gran parte de tu vida personal, familiar y deportiva. A ustedes los unió una inmensa pasión por el fútbol, deporte que practicaron de manera profesional y que les abrió caminos hacia otros proyectos.

Hoy solo deseo escribirte para agradecerte por tu amistad, esa que al inicio estuvo cargada de bromas y sobrenombres, porque la “mancha” de amigos de la pelota estaba formada por tipos bonachones y extremadamente bromistas. Todo aquel que ingresaba al grupo debía tener “tres hígados” para asimilar las bromas pesadas y los apodos precisos.

Cada partido de fútbol era una historia diferente, como bien recuerdan nuestros hermanos “Sammy” Castro y Pepito Mosquera, entrañables hermanos de la vida que siempre te llevan en su corazón.

La última vez que conversamos por teléfono fue el lunes 16 de marzo, sin saber que sería la última vez que hablaríamos, horas antes de tu viaje a la vida espiritual. Teníamos asuntos pendientes; la alcaldía de tu amado distrito victoriano te esperaba. Pero el destino nos presenta pruebas distintas al final de nuestros días, y tú, mi querido “Cachencho”, partiste en el mejor momento de tu vida.

Mucha gente, entre familiares y amistades, ha sentido profundamente y ha llorado tu partida. No lo podían creer, porque tú, mi buen hermano Mario, dejaste una huella positiva y un proceso de cambio personal que todos admiraron y que nunca olvidarán.

Acabo de ver varias fotografías tuyas, en las que tu sonrisa es la bandera siempre enarbolada que ofrecías a personas de todo nivel social y cultural. Niños, jóvenes, adultos y ancianos gozaron de tus expresiones de fe y esperanza en un distrito distinto, donde, a través de tu agrupación Caminando juntos, deseabas lavar y purificar al distrito de La Victoria de la delincuencia y el desorden, de la ignorancia y la dejadez, de la desidia y el abandono. Soñabas con atraer a niños y jóvenes a una vida sana, con una adecuada nutrición y la práctica del deporte, en un distrito joven y alegre, donde Alianza Lima, el equipo de tus amores, es uno de los grandes referentes del Perú.

Mario César, querido amigo, ahora que estás junto a Dios, intercede por tu amada familia para que te recuerden como la persona de gran corazón que fuiste; aquella que siempre quiso dejar una huella de pasión y trabajo, de perseverancia y propósito, de fe en un Perú mejor.

Recuerdo que en una de nuestras conversaciones te dije:
“No quiero morir sin ver a mi país encaminado, caminando a paso seguro hacia el desarrollo social, cultural y económico…”.
Y tu respuesta fue similar:
“Yo también, hermano, no quiero morir sin ver a mi patria con una luz de esperanza”.

Mi hermano, tu trabajo no fue en vano. Dejaste una huella grande, una valla alta de humanidad para quienes sueñan con un distrito diferente: un distrito limpio y ordenado, libre de delincuencia y drogadicción, donde se pueda decir con orgullo: “Soy de La Victoria”, el mejor distrito del Perú.

Gracias por tenerme en cuenta para tus proyectos; gracias por convocarme a planear iniciativas de desarrollo social y de ayuda a los más vulnerables; gracias por los proyectos compartidos, por los momentos gratos y por el anhelo común de ser mejores seres humanos cada día.

Gracias, amigo. Ojalá pueda continuar tus proyectos de desarrollo y, si así fuera, intercede por mí para poder cumplir los sueños, pendientes y anhelos que dejaste proyectados.

Ve con Dios.
Gracias por tu vida.

Mario César Uribe Rubio
07/03/1960 – 19/03/2026

Marco Antonio Malca Delgado
Sábado 25 de abril de 2026
15:15 p. m.



       

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