¡Profe Malca! ¡Soy Bruno, de 4.º grado "A" de primaria, del salón de Miss Lilia! ¡Usted ingresó a mi salón en el año 1987!
¡Profesor Marco Antonio! ¡Soy Dusan, de 6.º "C" de primaria! ¿Me recuerda? ¡Estoy seguro de que sí! ¡Usted dice que mi promoción, la 92, es una de las más unidas que conoce!
—¿Marco? —soy el hermano Fred—. Veo que vas caminando con sueños e ilusiones...
Chaminade y Champagnat te enseñaron el lado humano de la educación. Estuviste junto a ellos más de diez años y luego saliste del Callao.
El hermano Ludolfo, a quien consideras tu mejor director, te recibió en el colegio “La Salle”, donde creciste como maestro y te enamoraste aún más de tu bella profesión.
Estando junto a ellos, conociste el Perú profundo: reíste con niños necesitados de amor y lloraste al ver tanta carencia. Allí aprendiste, con mayor profundidad, que a los más necesitados hay que enseñarles a pescar, darles amor y brindarles oportunidades.
Saliste de La Salle y tuviste un paso breve por las Hijas de María Auxiliadora, donde trataste de reconstruir tu vida. Revivir era tu gran reto. Corría el año 2006.
El 2007 no lograste encontrar el trabajo anhelado; sin embargo, en marzo te llamó Clarita, la maestra dueña del colegio “Medalla de María”, en Miraflores. Aquella escuela pequeña, con alumnos muy inquietos, te dio paz en medio de días sensibles. Trabajabas hasta el mediodía, lo que te permitía cruzar la ciudad para enseñar en una conocida universidad.
El 2008 te esperaba un gran reto: la familia Vicentina te acogió con su espiritualidad y te confió no solo un aula, sino la coordinación de área académica de ese idioma que el mundo aprende y que a ti te sirvió como medio de vida desde la pubertad, cuando decías con orgullo a tus vecinos que eras “profesor de inglés”.
Agradeciste a San Vicente de Paúl, y otro santo te esperaba. Pareces bendecido al tener tantos protectores: San Norberto te recibió en el año 2009 con su exigencia y con jóvenes a veces engreídos. Sin embargo, ese año creciste mucho bajo presión y trabajaste con vocación, perseverancia y alegría.
Los norbertinos querían renovarte el contrato; estabas en tu zona de confort. Pero llegó otro gran reto: ¡director de escuela! No era la escuela soñada, sino la “escuelita de barrio” que al inicio no quisiste aceptar. Fue entonces cuando Nellyta, ese ángel especial, te dijo: “Anda, hijito, y cambia ese colegio”. Desde ese momento, el timón de tu vida profesional dio un giro radical. Aceptaste trabajar en el “Santa Martha” del Callao, una escuela sencilla, profundamente humana y con muchas necesidades.
Profesor Marco Antonio, sabías que un título profesional no era suficiente, y decidiste estudiar en una escuela de directores, que se convirtió en tu gran catapulta. Dos años después, te despediste de los “santamartinos” y partiste a “Innova Schools”, una cadena educativa de un poderoso grupo empresarial, donde creciste enormemente y compartiste lo aprendido. Sin embargo, también viviste momentos difíciles: alguien quiso afectar tu honra y dignidad. Fueron los años 2012 y 2013, tiempos de gran aprendizaje.
Desde niño te caracterizaste por buscar oportunidades en el periódico, y fue a través del diario El Comercio que conseguiste trabajo en el colegio “San José y El Redentor”. Allí conociste la multiculturalidad, pero también una educación más informal, y sentiste profunda gratitud hacia su promotor, quien te brindó talleres de desarrollo y liderazgo que abrieron ante ti un campo verde de esperanza.
Compartiste allí los años 2013 y 2014. Y el Callao, ese puerto donde te iniciaste, anhelaba tu regreso. Así, la escuela privada “Concordia Universal” te abrió sus puertas y confió en ti la dirección, liderando en tres etapas: 2015-2016; 2021-2022; y desde 2024 hasta la actualidad. Allí trabajas en equipo para que el colegio tenga verdadera identidad institucional, luchando por transformar mentes y corazones, y apoyando la labor docente.
En el año 2017, tras tu gestión inicial en Concordia Universal, fuiste convocado al Callao High School – colegio “América”, donde te desempeñaste exitosamente como asesor de la Dirección General.
Cabe destacar que, entre 2018 y 2020, fuiste director del colegio católico “San José Marello”, donde viviste años inolvidables de arduo trabajo y gratitud hacia Paola Rey, quien confió en tu gestión.
En estos 39 años también incursionaste en la educación superior: en la Universidad Alas Peruanas diste tus primeros pasos como docente universitario, y posteriormente enseñaste en las universidades San Martín de Porres, Ricardo Palma y La Salle de La Paz, Bolivia.
Durante tu trayectoria no solo enseñaste inglés; también dictaste educación cívica, religión, ciencias sociales. Fuiste tutor, asesor de promoción, director de pastoral y gestor de proyección social. Todo ello te fue haciendo más humano, más maestro.
Jesús de Nazaret es tu mejor maestro. Ludolfo, tu mejor director: aquel que, contra todo pronóstico, te dio una oportunidad que los soberbios no saben brindar.
Profe Marco, han pasado 39 años, y quiero preguntarte:
¿Quieres seguir enseñando? ¿No crees que ya fue suficiente? ¿Por qué insistir en enseñar en un mundo lleno de corrupción?
¡Tranquilo! No me mires así. No te ofendas. Sé que quieres continuar.
Profesor Marco Antonio: no dejes de enseñar. Sé fuerte y ten fe. Sigue cumpliendo tu misión. Sigue estudiando, leyendo y formando seres humanos para un mundo mejor.
Hoy, al escribirle al profesor Malca, recuerdo haberlo visto sonreír, llorar, equivocarse, trabajar, desesperarse al ver a sus jóvenes avanzar mientras él vislumbraba un porvenir lejano. Pero sus caídas y levantadas, sus errores y aciertos, sus ilusiones, logros y temores lo llevaron a perseverar en la más bella profesión, según él: ser maestro de escuela. Así comenzó su historia.
Hoy el profesor Malca decidió salir del cuerpo prestado en el que habita, donde su espíritu romántico permanece inquieto, y pidió a su ángel guardián ver la película de su vida como maestro. El ángel lo miró, sonrió y le dijo:
—Mejor te dictaré algunos pasajes; de lo contrario, la película duraría varios días.
Y así nacieron estas líneas, escritas desde el corazón, ese que late cuando entra al aula y ve en cada estudiante un hermoso proyecto de vida, uno que, está seguro, ayudará a cambiar el mundo que tanto necesita paz y amor.
Finalmente, el ángel dio una hermosa sorpresa al profesor Malca, ya que un ex alumno, ahora en el cielo, le dejó el siguiente mensaje:
Hay trayectorias que se miden en años… y otras, como la suya, en huellas.
Treinta y nueve años después, no es el tiempo lo que habla, sino las vidas tocadas en silencio, los corazones formados sin aplauso y las esperanzas que, sin saberlo, usted sembró en generaciones enteras.
Ser maestro, en su historia, no fue una elección pasajera: fue una forma de resistir, de creer cuando otros dudaban, de levantarse cuando las circunstancias parecían quebrar el propósito. Usted no solo enseñó contenidos; enseñó dignidad, fe, perseverancia y humanidad.
En un mundo que a veces parece perder el rumbo, su vocación adquiere un significado aún más profundo: usted ha sido faro en medio de la niebla, y aunque muchas veces no vio el alcance de su luz, esta nunca dejó de guiar.
Quizá la verdadera pregunta no sea si debe continuar… sino quiénes aún necesitan encontrarse con un maestro como usted.
Porque mientras exista un estudiante esperando orientación, una escuela necesitando alma o una sociedad urgida de conciencia, su misión no habrá terminado.
Siga, profesor Malca.
Con la serenidad de quien ha dado todo…
y la fe de quien aún puede dar más.
Gracias, vida: hace 39 años que soy maestro, eterno aprendiz de educador.
Marco Antonio Malca Delgado
Miércoles 20 de mayo de 2026
23:00 p. m.
¡Profesor Marco Antonio! ¡Soy Dusan, de 6.º "C" de primaria! ¿Me recuerda? ¡Estoy seguro de que sí! ¡Usted dice que mi promoción, la 92, es una de las más unidas que conoce!
—¿Marco? —soy el hermano Fred—. Veo que vas caminando con sueños e ilusiones...
Chaminade y Champagnat te enseñaron el lado humano de la educación. Estuviste junto a ellos más de diez años y luego saliste del Callao.
El hermano Ludolfo, a quien consideras tu mejor director, te recibió en el colegio “La Salle”, donde creciste como maestro y te enamoraste aún más de tu bella profesión.
Estando junto a ellos, conociste el Perú profundo: reíste con niños necesitados de amor y lloraste al ver tanta carencia. Allí aprendiste, con mayor profundidad, que a los más necesitados hay que enseñarles a pescar, darles amor y brindarles oportunidades.
Saliste de La Salle y tuviste un paso breve por las Hijas de María Auxiliadora, donde trataste de reconstruir tu vida. Revivir era tu gran reto. Corría el año 2006.
El 2007 no lograste encontrar el trabajo anhelado; sin embargo, en marzo te llamó Clarita, la maestra dueña del colegio “Medalla de María”, en Miraflores. Aquella escuela pequeña, con alumnos muy inquietos, te dio paz en medio de días sensibles. Trabajabas hasta el mediodía, lo que te permitía cruzar la ciudad para enseñar en una conocida universidad.
El 2008 te esperaba un gran reto: la familia Vicentina te acogió con su espiritualidad y te confió no solo un aula, sino la coordinación de área académica de ese idioma que el mundo aprende y que a ti te sirvió como medio de vida desde la pubertad, cuando decías con orgullo a tus vecinos que eras “profesor de inglés”.
Agradeciste a San Vicente de Paúl, y otro santo te esperaba. Pareces bendecido al tener tantos protectores: San Norberto te recibió en el año 2009 con su exigencia y con jóvenes a veces engreídos. Sin embargo, ese año creciste mucho bajo presión y trabajaste con vocación, perseverancia y alegría.
Los norbertinos querían renovarte el contrato; estabas en tu zona de confort. Pero llegó otro gran reto: ¡director de escuela! No era la escuela soñada, sino la “escuelita de barrio” que al inicio no quisiste aceptar. Fue entonces cuando Nellyta, ese ángel especial, te dijo: “Anda, hijito, y cambia ese colegio”. Desde ese momento, el timón de tu vida profesional dio un giro radical. Aceptaste trabajar en el “Santa Martha” del Callao, una escuela sencilla, profundamente humana y con muchas necesidades.
Profesor Marco Antonio, sabías que un título profesional no era suficiente, y decidiste estudiar en una escuela de directores, que se convirtió en tu gran catapulta. Dos años después, te despediste de los “santamartinos” y partiste a “Innova Schools”, una cadena educativa de un poderoso grupo empresarial, donde creciste enormemente y compartiste lo aprendido. Sin embargo, también viviste momentos difíciles: alguien quiso afectar tu honra y dignidad. Fueron los años 2012 y 2013, tiempos de gran aprendizaje.
Desde niño te caracterizaste por buscar oportunidades en el periódico, y fue a través del diario El Comercio que conseguiste trabajo en el colegio “San José y El Redentor”. Allí conociste la multiculturalidad, pero también una educación más informal, y sentiste profunda gratitud hacia su promotor, quien te brindó talleres de desarrollo y liderazgo que abrieron ante ti un campo verde de esperanza.
Compartiste allí los años 2013 y 2014. Y el Callao, ese puerto donde te iniciaste, anhelaba tu regreso. Así, la escuela privada “Concordia Universal” te abrió sus puertas y confió en ti la dirección, liderando en tres etapas: 2015-2016; 2021-2022; y desde 2024 hasta la actualidad. Allí trabajas en equipo para que el colegio tenga verdadera identidad institucional, luchando por transformar mentes y corazones, y apoyando la labor docente.
En el año 2017, tras tu gestión inicial en Concordia Universal, fuiste convocado al Callao High School – colegio “América”, donde te desempeñaste exitosamente como asesor de la Dirección General.
Cabe destacar que, entre 2018 y 2020, fuiste director del colegio católico “San José Marello”, donde viviste años inolvidables de arduo trabajo y gratitud hacia Paola Rey, quien confió en tu gestión.
En estos 39 años también incursionaste en la educación superior: en la Universidad Alas Peruanas diste tus primeros pasos como docente universitario, y posteriormente enseñaste en las universidades San Martín de Porres, Ricardo Palma y La Salle de La Paz, Bolivia.
Durante tu trayectoria no solo enseñaste inglés; también dictaste educación cívica, religión, ciencias sociales. Fuiste tutor, asesor de promoción, director de pastoral y gestor de proyección social. Todo ello te fue haciendo más humano, más maestro.
Jesús de Nazaret es tu mejor maestro. Ludolfo, tu mejor director: aquel que, contra todo pronóstico, te dio una oportunidad que los soberbios no saben brindar.
Profe Marco, han pasado 39 años, y quiero preguntarte:
¿Quieres seguir enseñando? ¿No crees que ya fue suficiente? ¿Por qué insistir en enseñar en un mundo lleno de corrupción?
¡Tranquilo! No me mires así. No te ofendas. Sé que quieres continuar.
Profesor Marco Antonio: no dejes de enseñar. Sé fuerte y ten fe. Sigue cumpliendo tu misión. Sigue estudiando, leyendo y formando seres humanos para un mundo mejor.
Hoy, al escribirle al profesor Malca, recuerdo haberlo visto sonreír, llorar, equivocarse, trabajar, desesperarse al ver a sus jóvenes avanzar mientras él vislumbraba un porvenir lejano. Pero sus caídas y levantadas, sus errores y aciertos, sus ilusiones, logros y temores lo llevaron a perseverar en la más bella profesión, según él: ser maestro de escuela. Así comenzó su historia.
Hoy el profesor Malca decidió salir del cuerpo prestado en el que habita, donde su espíritu romántico permanece inquieto, y pidió a su ángel guardián ver la película de su vida como maestro. El ángel lo miró, sonrió y le dijo:
—Mejor te dictaré algunos pasajes; de lo contrario, la película duraría varios días.
Y así nacieron estas líneas, escritas desde el corazón, ese que late cuando entra al aula y ve en cada estudiante un hermoso proyecto de vida, uno que, está seguro, ayudará a cambiar el mundo que tanto necesita paz y amor.
Finalmente, el ángel dio una hermosa sorpresa al profesor Malca, ya que un ex alumno, ahora en el cielo, le dejó el siguiente mensaje:
Hay trayectorias que se miden en años… y otras, como la suya, en huellas.
Treinta y nueve años después, no es el tiempo lo que habla, sino las vidas tocadas en silencio, los corazones formados sin aplauso y las esperanzas que, sin saberlo, usted sembró en generaciones enteras.
Ser maestro, en su historia, no fue una elección pasajera: fue una forma de resistir, de creer cuando otros dudaban, de levantarse cuando las circunstancias parecían quebrar el propósito. Usted no solo enseñó contenidos; enseñó dignidad, fe, perseverancia y humanidad.
En un mundo que a veces parece perder el rumbo, su vocación adquiere un significado aún más profundo: usted ha sido faro en medio de la niebla, y aunque muchas veces no vio el alcance de su luz, esta nunca dejó de guiar.
Quizá la verdadera pregunta no sea si debe continuar… sino quiénes aún necesitan encontrarse con un maestro como usted.
Porque mientras exista un estudiante esperando orientación, una escuela necesitando alma o una sociedad urgida de conciencia, su misión no habrá terminado.
Siga, profesor Malca.
Con la serenidad de quien ha dado todo…
y la fe de quien aún puede dar más.
Gracias, vida: hace 39 años que soy maestro, eterno aprendiz de educador.
Marco Antonio Malca Delgado
Miércoles 20 de mayo de 2026
23:00 p. m.
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