Cuando paseaba a mi perrito, me encantaba verlo ladrar.
Era un "ruido" parecido al de un niño engreído. Inclusive, a veces "aullábamos juntos", sobre todo cuando le decía: "¿Vamos a la calle?". Fueron momentos inolvidables con ese pequeño ser viviente que me alegraba la vida con sus juegos y cariño.
También he visto, desde que tengo uso de razón, perros de todo tipo de razas, así como de diferentes comportamientos según su crianza: pastores alemanes, fieles cuidadores de sus amos; pekineses juguetones y amorosos; pitbulls "polémicos", porque muchos los consideran "salvajes"; elegantes dóbermanes con una filosa dentadura y una mirada intimidante; dálmatas con sus llamativos colores blanco y negro; imponentes rottweilers de gran tamaño y fortaleza; y labradores cuya belleza y mansedumbre inspiran paz.
Y, bueno, también están los seres humanos que suelen ser comparados con esos bellos animales, porque, aunque sean chuscos, siguen siendo bellos.
Hace poco, la presidenta de mi patria, el Perú, expresó su respaldo total al ministro del Interior al manifestar: "Los perros ladran, es una señal de que vamos avanzando".
Yo conocía el refrán: "Perro que ladra no muerde", aunque también he visto perros que ladran y muerden al mismo tiempo.
Si llevamos ese refrán al campo humano, significa que existen personas que hablan mucho, son agresivas y lanzan serias advertencias, pero suelen ser menos peligrosas que aquellas que actúan en silencio.
Ahora bien, la expresión utilizada por la presidenta tiene varias connotaciones. La más sencilla de interpretar sería que está descalificando a sus adversarios políticos, quienes, según su visión, no le permiten desarrollar plenamente su plan de trabajo en beneficio del país. Sin embargo, también podría interpretarse como una afirmación de que las críticas, los ataques o los comentarios negativos constituyen una prueba de que su gestión está generando impacto.
En ese contexto, tal vez el significado profundo sea que, si existen personas que ponen trabas a la gestión, cuestionan las decisiones y critican las acciones del gobierno, es porque este se encuentra en movimiento y no permanece inmóvil frente a los múltiples problemas que afectan al Perú, entre ellos el sicariato y la corrupción en distintos niveles.
Si trasladamos esta reflexión al ámbito de la gestión en general, la enseñanza sería que toda persona, organización o equipo que emprende un proyecto valioso encontrará oposición. Asimismo, recibir críticas no siempre significa que se están cometiendo errores. Muchas veces es necesario aprender a convivir con distintos tipos de "ruido", pues estos pueden ser una reacción natural ante los procesos de cambio y transformación.
La expresión manifestada por la presidenta, luego de una discusión con un congresista de la República, puede analizarse desde diversos ángulos. De hecho, sectores de la oposición ya la interpretan como un insulto o, quizá, como el inicio de una confrontación política más intensa.
Este episodio debería ser evaluado no solo por la presidenta de la República, sino también por los congresistas en general. Más allá de intereses personales o partidarios, existe una patria bicentenaria que clama por cambios profundos, por una transformación social y cultural que permita contemplar con esperanza un país unido, reconciliado y capaz de construir un nuevo futuro.
El objetivo de estas líneas no es político, aunque muchos pensadores sostienen que los seres humanos somos "políticos por naturaleza". Mi intención es hacer un llamado sincero a quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernarnos. Si continúan divididos, seguirán debilitando a una nación hermosa de más de treinta millones de habitantes que aún lucha contra la ignorancia, la pobreza, la inseguridad, los abusos y la corrupción.
¿Estuvo mal la comparación realizada por la presidenta cuando habló de los perros que ladran? ¿Traerá esta expresión un mayor divisionismo entre quienes gobiernan nuestra patria? ¿Generará algún cambio en la histórica oposición política?
Estoy seguro de que el tiempo dará las respuestas, y estas podrían ser positivas o nefastas para un país que lucha constantemente por salir de la mediocridad.
Es importante recordar que no toda crítica debe ser ignorada. Algunas son valiosas y pueden ayudarnos a mejorar. La verdadera sabiduría consiste en encontrar un equilibrio entre la crítica destructiva y la crítica constructiva.
Cuando se proponen cambios, exigencias y acciones urgentes, siempre aparecerán voces favorables y desfavorables. Siempre habrá personas y agrupaciones políticas con intereses propios que intentarán cuestionarlo todo. Sin embargo, quienes gestionan de buena fe no deben detenerse por ello.
¿Estuvo bien lo expresado por la presidenta cuando afirmó que "los perros ladran porque estamos avanzando"?
Sinceramente, me gustaría que ella misma respondiera esa interrogante.
También me pongo en su lugar y comprendo que gobernar cansa, que la presión desgasta y que, en ocasiones, algunas expresiones surgen desde la molestia o la frustración.
Pero un líder político debe procesar cuidadosamente sus palabras antes de pronunciarlas, porque una frase desafortunada puede generar conflictos y controversias que retrasen aún más el desarrollo que tanto anhelamos.
Las palabras parecen livianas cuando salen de nuestros labios, pero pueden adquirir un enorme peso cuando quien las pronuncia tiene autoridad sobre millones de personas. La crítica puede ser incómoda, injusta o exagerada, pero también puede convertirse en una oportunidad para corregir errores y fortalecer el rumbo. Una nación progresa cuando sus líderes aprenden a escuchar sin resentimiento y cuando sus opositores aprenden a criticar sin destruir. El Perú necesita menos ladridos de enfrentamiento y más voces de entendimiento. Solo así podremos caminar juntos hacia el futuro que merecemos.
Por el bien del Perú, ojalá todos los perros ladren en el mismo "idioma perruno".
Dios los bendiga.
Marco Antonio Malca Delgado
Martes 13 de octubre de 2026
04:55 a. m.
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