Hola, son las 6:34 de la mañana de hoy, sábado 10 de octubre del año 2026, día especial, único e irrepetible, ya que nunca más habrá una fecha como esta.
Respiro profundo, acaricio mi mano izquierda con mi mano derecha, miro al espejo y veo un rostro completo. Le quité lo serio para sonreír a la oportunidad de la vida, así tenga problemas o llore en el alma, ya que ¡estoy vivo! Puedo escribir en mi blog en este momento, puedo ver la luz del día y escuchar el canto de las aves.
La semana pasada acompañé a una compañera de trabajo en dos funerales de su propia familia.
Primero, a su querido hermano, con quien compartió muchos momentos desde la niñez y a quien siguió queriendo con amor fraternal hasta la adultez. En segundo lugar, a su amada madre, quien, sumida en el gran dolor de haber perdido a su amado hijo, no lo soportó y falleció repentinamente, dejando a la familia envuelta en una profunda tristeza al haber perdido a dos de sus miembros más importantes: una buena madre y un excelente hermano, cuyos valores, alegría y don de servicio los hicieron muy queridos no solo por sus familiares, sino también por muchas personas de su comunidad.
Mi colega es maestra. Está devastada. En menos de tres días perdió a dos seres vitales en su existencia; pero creo que, a pesar del dolor, se ha sentido acompañada, querida y estimada.
Estoy seguro de que su fe y espiritualidad le permitirán seguir cumpliendo su misión, ya que es una persona buena y creyente en un ser divino superior, ese mismo que muchos seres humanos llamamos Dios.
En mi centro de trabajo, una querida escuela porteña, nos hemos solidarizado por completo con nuestra compañera, una mujer buena y noble, que goza del cariño de toda su familia. Además, será fundamental la comprensión y empatía de sus compañeros de trabajo y directivos, ya que tendrá que ingresar nuevamente al aula para seguir impartiendo sus clases en ese estilo de vida llamado "religión", que más que un simple curso, nos invita a una transformación espiritual de los seres humanos y nos sensibiliza con quienes más sufren.
Como maestro, he conversado con el director del colegio, quien expresó con empatía y sencillez que la maestra de Religión no estará sola, que tendrá todo su apoyo, así como el de la comunidad educativa, y que, si observa que presenta "bajones emocionales", él la reemplazará en el dictado de clases de la asignatura espiritual que imparte a los estudiantes.
Cuando un colaborador de cualquier empresa atraviesa momentos altamente sensibles, como la pérdida de un ser querido, toda la comunidad laboral debe ponerse de pie y brindar su mejor apoyo al ser humano que sufre, porque más que un "número" en el trabajo, somos personas con sentimientos y estamos expuestos a vivir todo tipo de experiencias en nuestra existencia humana y espiritual.
En lo personal, he pasado por momentos muy dolorosos, y hubo uno en particular en el que sentí que mi vida se acababa. Sinceramente, no tuve el soporte emocional de mis compañeros de trabajo, salvo una o dos honrosas excepciones, y tampoco del director que tuve en aquel momento.
Hay dolores que ninguna palabra puede sanar y ausencias que dejan un silencio difícil de comprender. Sin embargo, cuando una persona que sufre encuentra una mano amiga, una mirada sincera o un abrazo solidario, descubre que no tiene que cargar sola con el peso de su tristeza. La verdadera grandeza de una comunidad no se mide por sus logros, sino por su capacidad de acompañar a quienes atraviesan los momentos más oscuros de su vida. Que nunca nos falte sensibilidad para compartir el dolor ajeno ni generosidad para convertirnos en esperanza cuando alguien más la necesita.
Por eso muchos sabemos lo que significa la partida de familiares tan queridos y amados, y entendemos que los seres que nos llamamos "humanos" no podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestros semejantes.
Todas las organizaciones laborales, incluyendo nuestras propias familias, deben darlo todo por rescatar emocionalmente al colaborador o familiar que sufre, ya que podría hundirse en la tristeza o en la depresión.
Que nuestro buen corazón sea luz en los momentos de oscuridad.
Querida colega, no estás sola. La vida es un milagro divino.
Sé fuerte y sigue adelante. Te ofrezco mi mano fraterna y solidaria.
Dios los bendiga.
Marco Antonio Malca Delgado
Sábado 10 de octubre de 2026
07:02 a. m.