Sin buscarla, me encontré con la vocación de maestro, y ella me dijo: "Aquí estoy". Aunque al inicio pensé que sería algo temporal, hoy ya voy rumbo a los cuarenta años en las aulas.
La vocación es la misión que cada uno de nosotros viene descubriendo desde el nacimiento. Puede estar influenciada por la ocupación de nuestros padres o familiares, o por los dones y talentos que ellos advirtieron en nosotros. Sin embargo, en el ejercicio de nuestra libertad, somos nosotros quienes elegimos el camino que deseamos recorrer.
Existen vocaciones que no buscan obtener dividendos económicos, sino servir sin pedir nada a cambio. Así ocurre en el voluntariado, en los programas de ayuda a los más necesitados, en el acompañamiento a enfermos terminales o en las campañas de alfabetización, entre muchas otras formas de entrega generosa.
Vocación y misión caminan de la mano y logran hacerse realidad cuando existe confianza en uno mismo. Son una actitud voluntaria que nos llena de felicidad y deja una huella fecunda en las mentes y corazones de quienes reciben nuestro servicio.
¿Qué pasaría si le digo "no" a mi vocación? Es una interrogante complicada, pero real. Muchas personas les dicen no a su verdadera vocación y terminan sintiéndose infelices al desempeñarse en actividades que no corresponden a aquello para lo cual se sienten llamadas.
Nuestra vida está destinada a realizar cosas grandes, y quienes dejaron su nombre en la historia tuvieron que superar numerosas dificultades para alcanzar sus ideales.
Gran parte de mi vocación depende de lo que yo decida hacer con ella.
Desde mi fe, el Dios Espíritu en quien creo profundamente me invita a hacer aquello que debo hacer, por difícil que parezca. Al cumplir mi misión en la vida voy a trabajar duro, sudar, cometer errores; recibiré críticas, escucharé gritos y, en ocasiones, sentiré que me dejan a la deriva. Todo eso sucede cuando ponemos en acción nuestra vocación. Sin embargo, si me quedo en la tribuna, en la "banca de suplentes", y no trabajo con amor, jamás haré historia a través de aquello que más amo hacer.
Soy libre para aceptar mi misión y siento una inmensa vocación para llevarla a cabo.
La vocación es un don, y los dones deben ser recibidos con gratitud. Depende de cada persona aceptarlos o rechazarlos.
Eres libre de abrazar tu vocación o simplemente dejarla pasar.
A través de mi vocación puedo hacer historia con sencillez y nobleza, dejando un legado de amor en la humanidad.
La verdadera vocación no se mide por el dinero que produce ni por los aplausos que recibe, sino por la transformación que deja en la vida de los demás. Quien descubre su vocación encuentra una razón para levantarse cada día y entrega al mundo lo mejor de sí mismo. Tal vez no todos lleguemos a ser famosos, pero todos podemos ser valiosos. Cuando los dones se ponen al servicio del bien, la existencia adquiere sentido y la vida se convierte en una obra de amor que continúa hablando aun cuando ya no estamos presentes.
El día que sea tan solo un recuerdo, quisiera que permaneciera la huella de mi vocación en las mentes y corazones de aquellos a quienes ofrecí mis dones, talentos y trabajo.
Dios los bendice.
Marco Antonio Malca Delgado
Lunes 03 de agosto del año 2026
00:14 am
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