Soy peruano, amo a mi hermosa tierra de todas las sangres y deseo que algún día logre desarrollarse y convertirse en una nación pacífica, progresista, fraterna, trabajadora, ética y espiritualmente elevada.
Lo tenemos todo: recursos naturales, historia, música y folclor; además, contamos con una población mayoritariamente joven, lo cual es esperanzador. Esto no significa que los adultos o ancianos pasen a un segundo plano; por el contrario, ellos deben convertirse en el “ejemplo a seguir”, en referentes de superación, progreso y perseverancia. La juventud necesita modelos auténticos, seres humanos incansables con nobles principios y una moral incorruptible.
Desde que tengo uso de razón, he escuchado palabras y frases que parecen formar parte de la vida diaria de mi comunidad y de mi país. Algunas de ellas son:
Corrupción, coima, sicariato, violación, asesinato, abuso, discriminación, robo, estafa, soborno, peculado, condena, cárcel, machismo, conflicto, plagio, fraude, chisme, incompetente, incapaz, delincuente, crimen, desorden, caos, balacera, narcotraficante, golpista, etc.
¿No creen ustedes que escuchar constantemente estas expresiones —y muchas otras más de precario nivel cultural— ocasiona estrés, cansancio mental y una profunda frustración al ver a nuestra patria sumida en la negatividad, la corrupción y la ignorancia extrema?
¿Qué pasaría si buscamos los antónimos de estas palabras y, sobre todo, si intentamos ponerlos en práctica para generar una nueva sociedad, una nueva cultura?
Veamos sus antónimos:
- Corrupción → honestidad, probidad, transparencia
- Coima → honradez, integridad
- Sicariato → respeto a la vida, pacifismo
- Violación → consentimiento, respeto
- Asesinato → protección de la vida, preservación
- Abuso → trato digno, respeto
- Discriminación → igualdad, inclusión
- Robo → honestidad, propiedad legítima
- Estafa → lealtad, transparencia
- Soborno → ética, rectitud
- Peculado → probidad administrativa, honradez pública
- Condena → absolución
- Cárcel → libertad
- Machismo → igualdad de género, equidad
- Conflicto → armonía, acuerdo
- Plagio → originalidad, autoría propia
- Fraude → honestidad, legalidad
- Chisme → discreción, prudencia
- Incompetente → competente, capaz
- Incapaz → capaz, eficiente
- Delincuente → ciudadano honesto, persona íntegra
- Crimen → legalidad, justicia
- Desorden → orden
- Caos → organización, estabilidad
- Balacera → paz, tranquilidad
- Narcotraficante → ciudadano honrado, agente de la ley
- Golpista → demócrata, constitucionalista
Imaginemos que, a pesar del ambiente negativo en el que vivimos, decidiéramos concentrarnos únicamente en los acontecimientos positivos que ocurren en nuestra patria y en nuestra sociedad.
¿Podríamos, poco a poco, cambiar nuestro entorno social y darnos una nueva oportunidad para prosperar como nación?
Pienso que sí. En la escuela —ese hermoso templo del saber por el que camino hace casi 39 años— observo con preocupación el ambiente “cargado”, “tenso”, “ansioso” que los alumnos traen desde sus hogares y comunidades. Llegar al colegio para recibir “lo mismo” es un grave error.
Por esta razón, hoy más que nunca, la escuela se ha convertido en el único lugar donde los estudiantes pueden sentirse queridos, valorados, escuchados, aconsejados. Y entre nuestras múltiples funciones, los docentes somos ahora una de las más grandes fuentes de inspiración y superación personal para nuestros alumnos.
Todos los peruanos adultos debemos unirnos y llevar a cabo una gran cruzada nacional para construir una nueva cultura, enfocada únicamente en los dones, talentos y valores de quienes nos rodean. Los medios de comunicación, por su parte, deben abstenerse de seguir alimentando la mente colectiva con crímenes, violaciones o programas de chismes que degradan la sensibilidad social.
El Perú no cambiará por decreto, ni por un discurso, ni por un gobierno. Cambiará cuando cada uno de nosotros decida ser la luz que falta, el ejemplo que escasea y la esperanza que muchos ya no encuentran. El verdadero progreso empieza cuando elegimos nuevas palabras para reinventar nuestra historia, nuevas acciones para dignificar nuestra convivencia y nuevos valores para reconstruir nuestra identidad nacional.
Cambiar el país no es un sueño: es una responsabilidad compartida. Y empieza hoy, en cada gesto, en cada aula, en cada palabra.
Anhelo que algún día cercano la frase más hermosa que podamos escuchar sea:
“Los peruanos somos los mejores; vivimos en comunidad y nos preocupamos por quienes realmente nos necesitan.”
Que la palabra “Reconciliación” se convierta en realidad en una patria que clama por un cambio profundo y transformador.
Dios bendiga a mi amado Perú.
Marco Antonio Malca Delgado
Martes 27 de enero del 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario